sábado, mayo 20

siempre llegué tarde a todo.

siempre llegué tarde a todo.
Siempre llegué tarde a todo, o a casi todo. O siempre tuve la sensación de llegar tarde a todas partes.
Porque me bauticé a los 10 años, porque me perforé las orejas a los 11. Porque fui la última en desarrollarse (qué palabra, eh?). Porque era la última que elegían para el equipo del Matador. Porque fui la última en usar corpiño, y en ponerse un bikini. Porque tardé en besar, porque tardé en tener mi primera relación sexual.
Me tomó 20 años tener mi primer novio. Llegaba tarde a todas las modas. Siempre alguien iba adelante, con más cancherez y aire de autoconfianza. Me tomó unos 21 años amigarme con el ejercicio físico. Recién a los 28 aprendí a nadar.
Llegué tardíamente al deseo de ser madre. Cuando ya estaba embarazada pero no lo sabía. Tardé en adaptarme a ese nuevo ser, extensión del mío, parte dependiente en mis días y mis noches. Me tomó tiempo adaptarme al cielo y al infierno del puerperio.
Tardé en aceptar que el amor se puede terminar; o que sólo con amor no alcanza.
Aprendí recién ahora de qué se trata el amor con desapego.
Llegué tarde a confiar en mi escritura y a publicar mi primer cuento.
Me tomó años de grabador en REC sentirme quién para indagar la vida de alguien.
Me tomó años de pararme frente a una clase sentirme quién para enseñarle algo a alguien.
Tardé como 35 años en aprender a decir no.
Tuve que ser mamá, para cuidar mi salud con más responsabilidad. Cuidarme por alguien más. Y tuve que ser mamá para aprender a hacerle caso a mi intuición.
Llegué tal vez tarde a confiar en mis sentimientos, que no están bien, ni mal; no son verdaderos ni falsos; justos o equivocados. Son.
Me tomó todo este tiempo escuchar y aceptar la naturaleza cíclica de mi ser femenino. Disfrutar de mi cuerpo, entenderlo y amarlo.
También necesité todos estos años para hacer realidad mi compasión por el sufrimiento animal.
Llegué tarde a ponerles límites a quienes pretender un pedazo de mí. Esos que muchas veces, y sin proponérselo, actúan como psicópatas. Necesité 36 años para comprender que nadie se puede quedar con algo que vos no les das.
Tuve que sufrir mucho, pero mucho, para comprender eso de que el dolor duele inevitablemente. pero el sufrimiento es opcional. Y que la tristeza no es un mal sentimiento. Por el contrario, habla de cierta aceptación.
Recién ahora percibo mis ambivalencias, mis contradicciones, mis matices, mis exabruptos y mis claroscuros, dedicándoles apenas un desprecio que se evapora rápido.
Todavía hoy me comparo. Todavía hoy juzgo y pre- juzgo. Más seguido de lo que quisiera.
Todavía hoy me culpo por casi todo.
Pero escribiendo esto, - hoy que estoy parada acá, despierta a la vida- pienso que hay una diferencia entre "tardíamente", "tarde" y "demasiado tarde". Y me pregunto si además todo eso no es una ilusión; otro juego de mi mente. Si no será que cada cosa demoró lo que tuvo que demorar y duró lo que tuvo que durar. Como las frutas que caen cuando están maduras, por su propio peso. (y no culpan al viento cuando las arranca antes).
Quizá no soy la mina que siempre llega tarde a todo: tal vez soy sólo Cecilia, en su única y posible existencia: ésta.

5 comentarios:

Jorge Curinao dijo...

Hermoso volver a pasar por acá. Saludos.

Serendipity dijo...

Es tan hermoso leerte!
Los tiempos internos nunca serán los externos, tarde es cuando estamos adentro de un cajón, hay mucha gente que vive y parece muerta que asi para quien se anima, para quien decide hacer y amar a su tiempo para esos nunca es tarde!
Te felicito por respetar tu tiempos!
Te lo digo me lo digo!

Anónimo dijo...

Tranquila " Ningún copo de nieve cae en el momento equivocado " .Me encanta esta frase y refleja mi visión de lo que contás.
Karina.

Las Ramonas dijo...

Hermoso Ceci! Yo también llevo mis tiempos tardíos ;)
Besotes hermosa!

ceci a. dijo...

Gracias Jorge!
Serendipity, siempre esa lectura atenta y generosa. Hasta ahora no me los respetaba . Luchaba. Creía que más que ciclos, había plazos. Ahora creo que entendí. Te brazo fuerte!

Kari, amo esa frase. Gracias por recordármela. :) Beso gigante.

Vane! Solaza, qué bueno que no fueron precoces. ;-)