sábado, agosto 27

tejer con el corazón.



Cuando Caro por teléfono me habló de un telar, pensé, ahá, tejer, eso que siempre quise. Pero yo quiero con dos agujas, o con una, no sé si telar.... Después habló un poco más y le digo "Ah, es una metáfora! Vos me estás hablando de un tejido de mujeres". Me habló de abundancia, de lo femenino, de economía del regalo, de potlatch. Me invitó a una reunión online y le dije " Sí!" Esa semana en particular me sentía abundante, justamente. Por eso al terminar las meditaciones no pedía serenidad ni coraje ni nada, sólo agradecía. Por eso también había devuelto un dinero que debía, con gratitud y alegría. La lógica material de este regalo no me hizo ruido, por el contrario, fue lo que me convenció. El GRAN desafío para mí este año era llevar la espiritualidad a la materia. Es decir, vivir espiritual, serena y plenamente sin  tener que retirarme al Tíbet. Además, claro, es la posibilidad de concretar sueños y terminar con la vieja dicotomía: "tengo tiempo/ no tengo plata" o "ahora que tengo trabajo y plata no tengo tiempo".

Al día siguiente de ese llamado, aunque había tenido una discusión fuerte que me dejó exhausta, decidí participar igual. Me lavé la cara y me conecté. Estaba tan entusiasmada con la propuesta. Lo que vi en la pantalla fue a un grupo de hermosas mujeres, todas conectadas desde su casa, algunas en un sillón, otras en el piso, algunas con el mate.. todas sonriendo. Se sentía la energía. Pero lo que más me llamó la atención fue Caro. Ya le había oído la voz distinta cuando hablamos por teléfono. Y ahora, en la pantalla de mi compu, estaba radiante. Casi no necesité explicaciones. Bastó verla a ella y dije "Sí, estoy!".

Desde entonces hasta hoy integro un telar de mujeres, estos círculos con un diseño perfecto, en el que  un grupo de mujeres nos organizamos para cumplir el sueño propio y el de la otra. Un empoderamiento a nivel emocional, espiritual y material. Todo cierra perfecto. A los pocos días, sin saber cómo, estaba organizando el encuentro o ceremonia semanal en casa. Hicimos guiso de lentejas, chipá, compramos cositas para picar, bebidas. Me encontré con  11 desconocidas y una conocida -mi amiga- tan cómoda como si las conociera de siempre. Algunas vinieron con sus niños, otras participaron a la distancia, desde sus provincias, con la compu. Mi amiga Caro se fue con los regalos de ocho mujeres que confiaron, primero en sí mismas, y después en ella. Entre ellas, yo misma! Dar ese regalo monetario fue de una hermosura indescriptible Hay que vivirlo. La cantidad de miedo que se disipó en ese sólo acto. La gratitud al dar. (Y no al recibir como estamos habituadas!). Dos semanas después volvierona venir todas -ya casi como viejas amigas- y mi casa fue una fiesta!

La propuesta - que viene en forma de mandala - incluye atravesar a energía de cuatro elementos. Con sus diferentes desafíos. El primer es el fuego, después el viento, después la tierra -donde estoy ahora- y luego el agua, donde estaba Caro cuando me llamó. Entrás dando y te vas recibiendo. Como la multiplicación del pan y los panes pero con la energía que hoy, en este mundo, necesitamos para materializar nuestros sueños: dinero. Cada elemento tiene una propuesta diferente. Soltar lo que ya no va, quemar miedos, atraer lo que sí queremos para nuestra vida, sostener, liderar, cuidar nuestro cuerpo, y después fluir y recibir. Todo, desde el primer día, atravesado por un verbo poderosísimo: confiar. Eso que nuestra sociedad fue perdiendo, y que nosotras, como individuos, fuimos perdiendo un poco también: la fe en nuestro poder y la fe en los otros.

Es TAN perfecto, que no podía nacer de la cabeza de nadie, sino de un grupo de mujeres que se organizaban así en África, que retomaron unas canadienses en los 70. Es una creación colectiva.

La cantidad de regalos que fueron llegando a mí desde que esto se inició hace algunas semanas -y antes de que me toque a mí recibir los ocho regalitos monetarios- es enorme. Apareció la confianza en mí; les di forma a tres -no uno- TRES sueños. Se manifestó un trabajo que venía intencionando hace tiempo; se alivianó mi relación de pareja; apareció el tiempo la energía y la valentía para moverme a todos lados con Tomás sin miedo; encontré la disponibilidad interna para jugar con él; el tiempo se hizo chicle y alcanza para mil cosas;  hice amigas hermosas; me animé por fin a dejar las carnes -algo que había querido hacer desde chiquita-, se me fue definitivamente la tensión permanente de años -laaargos años- en mi lado izquierdo -el de lo femenino, el de recibir- que me causaba mis fuertes migrañas. (Y el día que tuve una la curé meditando); encontré que había un montón de mujeres entre las que no me sentía "la distinta" o "la especial"; se me dulcificó el lenguaje; me permití hacer movimientos nuevos -como ir a lo de Gero, o a un asado con ex estudiantes- ; aprendí a tolerar la frustración; aprendí a frustrarme menos, aprendí a pedir; aprendí a soltar; aprendí a atraer; aprendí a comunicarme más y mejor; aprendí a ver la belleza de cada mujer, en el subte, en la calle, donde sea, y ya a no competir con ellas...

Esto es el telar de mujeres. Esto para mí. Y un montón de cosas más. Y para cada mujer el acento estará puesto en algo distinto. Esto es, y no todas esas gansadas de ruedas financieras que se dice en Google (aunque también hay cada vez más notas que muestran lo que en verdad es esto. De hecho me llamaron para una nota en Ohlalá)..... Nadie pierde acá, ¿Qué habríamos de perder si entramos regalando?

Somos mujeres fuertes animándonos a un proceso transformador breve pero para toda la vida. Somos mujeres de carne y hueso que tenemos mucha energía, muchas ganas, mucha pila, muchos sueños, organizándonos para cumplirlos, con una lógica que a algunos les molesta y a otros los asusta, pero eso sólo porque es novedosa, desafiante, porque parte de la idea de abundancia,  y no de escasez, y porque propone no competir con el otro, sino compartir, entonces no pierde nadie y ganamos todos.

Me siento al fin, después de muchas búsquedas de las que ustedes son testigos,- me siento despierta. No una gurú ni nada. Solamente despierta. Siento que cuantas más seamos las que tejamos desde el corazón, más vamos a elevar la conciencia del planeta.

El telar está abierto a corazones abiertos. Sépanlo muchachada linda. Ah! Y después les cuento de mi primer cuento publicado y el premio de ayer!

miércoles, agosto 10

surfeándola.

Como casi todas las últimas veces que me senté a escribir, no tengo claro bien qué voy a decir. Pero sí sé que hay mucho -bastante-  pasando en todos los niveles, y que me siento también en el deber de alimentar este lugar, de echar un tronco y soplar un poco para avivar las llamas de este fuego que tanto calorcito lindo me -nos- da.

Es loco ahora que lo pienso, porque la espiral a 220  que es mi vida en los últimos meses tiene como fin no solamente pagar las facturas abultadas de los servicios, o llegar a fin de mes, sino lograr cierta estabilidad que me permita hacerme el tiempo y el espacio para editar este blog en formato libro y ponerme a escribir más cuentos.

Trabajo mucho. Hace cinco años y medio que no me tomo vacaciones. Por "vacaciones" me refiero a más de tres noches de descanso seguidas. Casi no recuerdo cómo era el tiempo libre. Paso de una cosa a la otra sin que medie un respiro. A veces, incluso, estoy en uno de mis varios trabajos, trabajando para el otro. Y cuando estoy en casa me doblo, desdoblo, estiro y multiplico, para ser también ama de casa que cocina, paga las cuentas y hace las compras; mamá presente que juega con su hijo y está atenta al jardín; para integrar y nutrir un círculo de mujeres; ir una hora a yoga; meditar, hacer mis rituales de belleza, hacer terapia (muchas veces por Skype!); leer una novela y hasta mediar en los dramas familiares.

Ah, y tener una vida amorosa.

Me encanta sentirme activa y productiva, pero me pregunto si está OK. ¿Estará OK taaanto? Hubo una escena en los últimos días en la que trabajaba y comía frente a mi compu (mal) mientras Tomás comía frente a la suya (pésimo) Yo, la que no comulga con la idea de mirar tele durante la comida, me quejaba encima de que tirara lentejas sobre el teclado.

¿Dónde está el límite?

Dicen que los treintipico son los años más productivos. Yo siento como si mis 35 hubieran activado a la adulta sostenedora en mí. Tipo: me hago cargo de TODO: No esquivo ningún bulto. Ninguno! Da para ponerse tanta cosa al hombro? (Ejemplo: después de hacer un acuerdo de divorcio me ofrecí a asumir gastos que no me correspondían. Otro ejemplo; la semanita que había previsto tomarme vacaciones agarré un nuevo trabajo....).

Siento que últimamente hay una suerte de deleite en mí de ver todo lo que puedo. Y sé a su vez que tiene su costo. Lo veo en mi cara. Lo siento en el cuerpo que me pide descanso, que a la mañana no quiere arrancar; lo escucho en el "señora" que hace unos meses era "chica", en el "vos" que sin preaviso viró a un "usted". Lo noté el sábado cuando inesperadamente se abrió ante mí una tarde soleada de sábado libre. Li- bre. El horror. Intenté mitigar la angustia sentándome a comer en un cafecito lindo, pero tenía el pecho tan tomado que salí ahogada y con lágrimas. (Un llamado a mi mamá y un tarjetazo desaforado en una casa de decoración me devolvieron la sonrisa).

Ahora... ¿Cuándo se dice ALTO?

Sigo fantaseando con el momento en que por fin me deslice hacia la orilla y haga lugar al disfrute y el relax.  A la pachorra. Y no hago nada para que llegue! De hecho la semana pasada, cuando estuvo mi mamá de visita en casa, y Tomás estaba enfermito, estaba TAN agotada que sentía la necesidad de dos cosas: darme un baño de inmersión y tirarme a ver TV. Ahí me di cuenta de que no tenía ninguna de las cosas necesarias para regalarme ese descanso: ni bañadera, ni sofá ni tele.   (Nooooo... si es un caso serio esta "señora").

No  hay remate ni moraleja. No por ahora. Es todo una gran pregunta.

...

Lo que no les conté:

Volví con Martín muy muy felizmente (tres noches en Claromecó fueron cruciales), que escrituré la casa para mí y mi hijo; que me animé a pedir prestado y dos amigas enormes me ayudaron con los gastos de escribanía; que empecé a editar para Ohlalá (Sí! Me pasé de otro lado del mostrador), que este mes se publica el libro con mi cuento (y con mucha pero muuuucha suerte me gane un premio de $ ); que en mi familia se agarraron todos a las trompadas; que mi viejo se casa por tercera vez el mes que viene; que visitamos la casa de Gerónima - la niñera de Tomás y fue algo muy especial- ; que me animé a ir a un asado con mis estudiantes hermosos del año pasado; que con Tomi tenemos un idilio absouto; que los informes del jardín - y su carita- indican que es un niño feliz; que mi ex se va a vivir con su novia a la que era mi casa; que me van a operar la boca para ver si al fin muerdo bien; que me hice las plantillas que venía postergando hace años (Sí, sí: reaprender a pisar y a masticar, qué gráfico de esta etapa); que me fui de TEA; que vuelvo a TEA que hace tres semanas o más que no como carne; que hice un curso con Hernán Casciari por debajo de mi expectativa; que voy a hacer uno con Leila Guerriero con gran expectativa

Y que está decidido que Sosloqueamás - esto es un hecho en algún punto no muy lejano en mi línea de tiempo, supongo que su décimo aniversario- será, será y será libro. (Muchísimas gracias, gigantescas gracias, por la selección de posts que hicieron en la entrada anterior. ¡Pueden seguir haciéndolo! Es un recontra aporte para la compilación que empecé a armar).

Ah, y otra cosa. Sepan que aunque aparezca poco por acá... a todo el mundo les hablo de ustedes. La gente medio que me mira raro: Un blog a esta altura de la soirée? Con mucho texto??  Aha... Y te dejan comentarios encima??!. JAJA.  Ni pálida idea tienen de lo que pasa por acá.

Ahora sí, qué parlanchina estoy. Es momento, muchachada, de que me cuenten cómo surfean/ surfearon/ surfearán ustedes el oleaje de los treinti....


Chauuuuu!