lunes, julio 27

googloca.

No sólo nos tiene agarrados con la casilla de mails, el blogger, el facebook y su bendito buscador... al menos a mí me produjo un efecto peor: necesito googlearlo todo. Desde la frase que busco en un libro impreso hasta el zapato que se perdió debajo de la cama. Ya no soporto ese transcurrir entre el necesitar algo y su hallazgo. Ese lapso que solíamos llamar "búsqueda" y que a veces nos deparaba cosas interesantes.

viernes, julio 24

tiempo.

"Ah pero tenés unos regalitos acá", dice mientras corre de mi silla contigua en Babieca bolso, bufanda y los susodichos regalos. "Ahh, las mujeres y los trapos. Trapos y trapitos". Le mido los años que son muchos. Y los de su mujer. Veo que el tema no se soluciona con tiempo, les digo. "Ah, no querida, tenés que salir sola a hacer shopping", me guiña ella. "Puf, ¡placares y placares!", suelta él.
En la mesa detrás de mí, una treintañera sin pelos en la lengua le preprocha a su mamá que utliza todos los temas de conversación par hablar de sus problemas. Su tono es directo, el de la madre algo engolado, ensayado, poco creíble incluso cuando le dice dice que tiene razón. En la mesa de enfrente una nena -que ya terminó su torta de frutillas- me mira embelesada. Al principio no entiendo mucho, pero después me pongo detrás de sus ojos y me contemplo ahí, con mi coquita light y mis rodajas de limòn, libro, birome y anotador. Ella ya debe aspirar a ser esto que yo soy, supongo, como me pasaba a mí hace veinte años con las chicas que me parecían así, cancheras e independientes.

El tiempo resulta ser algo que simplemente no puedo contabilizar . Puedo describirlo, utilizar sus mediciones para ordenar algunas cosas, pero es inútil , no puedo medirlo en verdad. (...) Pero está. Tal vez solo como contingencia. Digo, el tiempo mismo ¿no lo es? (G. Liffschitz)

jueves, julio 23

esquizocierre.

Mientras recibo y contesto mails de santiagueños indignados con la corrupción de su provincia, ojeo blogs de moda, pienso notas para el próximo número, y notas para otros medios; chusmeo con las chicas Pronto, Caras, Gente y Semanario; googleo y critico a Camila Velasco en Playboy; entro a los diarios santiagueños para seguir el rumbo de los hechos; chequeo mi gmail; recorto mi nota sobre Sanford y Chapur; atiendo el teléfono; me pongo brillo de labios, me abrigo, me duermo, posteo.

martes, julio 21

popolandia.

Les voy a contar de una historia que nació en septiembre del año pasado. La invitación al viaje nos llegó a cada uno por separado. Yo soñaba con conocer Bahía ¡y se me estaba dando!(aunque fuera 400 km al sur) Primero nos hociqueamos tímidos en una reunión en la Embajada de Brasil. En medio de esa arquitecutra Bauhaus y aún un poco tiesos nos sentamos alrededor de una mesa. Elías, de la agencia de viajes nos parecía simpático -todavía. Matías de Gol líneas aéreas parecía serio adentro de su traje, Clara del diario Perfil asomaba como periodista formal (repartiendo una tarjeta a cada uno a su llegada), Veronique con cuello mao y nacionalidad suiza pintaba como la fifí del grupo 8y no como la hippona sui generis que resultaria ser), Fernando, lic de comercio de la embajada, no perfilaba como el líder carimástico que sería ni Guido como el periodista torturado de los planteos filosóficos a los veintipocos recién cumplidos. Eugenia de Ohlalá, Mariela la fotógrafa y Marcelo de La Capital Rosario-qué picardía- eran todavía signos de interrogación.

Nos encontramos diez dias después con caras de dormidos en Ezeiza y partimos hacia allá. En el avión Fernando acaparó el pasillo y nos contó de su ex que era linda, pero qué poco podían compartir y Mariela hacía muecas y esfuerzos desmesurados por deformar aunque más no fuera un poquito su cara de Brigitte Bardot. (Otra prueba de la belleza rosarina). Charlábamos como si nada, como si siempre...

Ya en Ilheus tomamos una combi que nos llevó a un ferry. Y no sé bien los detalles. Sólo recuerdo mi primera charla en el asiento trasero con Clara, que trabjaba un piso más arriba que yo, y recién ahora nos conocíamos. Cuando la luna se dejó ver al costado de la ruta la señalamos al unísono. Era una cosa desmesurada. Una mancha blanca y redonda, un buen augurio.
En ferry nos transportaron a la isla de Comandatuba, repleta de palmeras, en donde nos dieron una bienvenida de champagne y bailes típicos y un collar que Marcelo se colgó y nunca más se sacó. Entonces empezaba la magia de un grupo que sigue hasta hoy.

En cinco días, que parecieron mucho más, nos metimos al mar, hicimos spa, bailamos, contamos historias, comimos de lo lindo, dimos caminatas,armamos coreografías a bordo del Popó Car, aprendimos (¿aprendimos?) golf.... Matías nos habló pro primera vez de sus ganas de conocer China. (Y ahí se fue, nomás, 2 meses y encendió la mecha de un espíritu viajero). Vero nos mostró sus dotes artisticas, Euge nos ocultó (no sé si adrede) sus chispa literaria hasta el regreso, Brigitte nos hermoseó en sus fotos (¡hasta me convenció de que soy fotogénica!), Fer nos hizo reír, reír y reír, Guido desplegó un paso de baile multifunción, mezcla de reggae y carnavalito que nadie nunca jamás logró imitar, Elías mostró enseguida su fasecta de orangután zumbón, Marcelo (que se ganó el inexpicable mote de "Marzelo marzelo") aflojó la cara y las ganas y se divirtió como nadie, y yo... yo me reí. Sobre todo me acuerdo de haber reído mucho.
En el medio nacieron personajes entrañables, como Erasmo , nuestro guía allá, que con su militancia anti Coca Cola nos mostró su amada Itacaré. Y también, cómo no, Papá e Pópó. Contar quiénes son estos venerados líderes espirituales requeriría post aparte. Sólo puedo decirles que nació una mística que ya tien canciones propias, coreografías y videos alusivos.
Ya en Bs As hubo reuniones con pizzas o fondue, viajes interurbanos (a visitar a la comitiva rosarina o viceversa), un viaje a Cariló, noches de salsa en Azúcar y de dígalo con mímica en Acá Bar.. (Ya lo sé, ni hace falta que lo marquen: a la mitad de esos eventos no asistí, pero uds saben entender) Además Fer encontró su media lima y Clara trajo a Valeria, así que tuvimos dos integrantes más.
Hoy - sin todo ese tiempo para disfrutar y con un horizonte de asfalto- el espíritu turmero sigue intacto, y hasta se acrecentó. Por eso puedo chocar mi vaso de caipirinha : hoy tengo nueve amigos más con quienes brindar.

miércoles, julio 15

horas.

Pasaron muchas cosas en estas dos horas antes de llegar a casa rengueando y con el maquillaje algo corrido. Angustiada y repleta decidí que basta hasta mañana de la verborragia santiagueña y del pus que emana de esa provincia. (Además de vos y de mí que nos cuesta entendernos cuando las cosas no marchan sobre ruedas). Entonces lloro, y asisto como testigo desconcertada al consuelo de quienes me consuelan. Hasta que por chat ella me arranca una sonrisa. Dice que soy talentosa, y que me esforcé mucho. Después sí el subte a la guardia, y enla guardia una espera eterna. Un hombre grita "¡Seguridad!" con desesperación desde el baño. Sólo necesitaba papel higiénico. Por el televisor se asoma Randazzo ahora dispuesto al diálogo. Una señora gorda acampa con marido e hijo en la puerta de traumatología. Y el traumatólogo que me manda al radiólogo. Entre consulta y radiografía termino el libro que empécé anoche. Gabriela Liffschitz habla del tiempo, la angustia, la muerte, el futuro que nunca es... Y yo sólo vuelvo a llorar cuando recuerda a su ex marido, que en las peores madrugas le leía poemas en alemán con ese tono de voz "grave y bello" que la tranquilizaba. Pero entonces lo del pie es sólo una tendinitis ("el viernes compramos zapas nuevas" me decís cuando te lo cuento desde Farmacity). Llueve en Santa Fe y Pueyrredón, y en el andén de otro subte -o quizás el mismo- pero ya sin libro, escucho a un chico de pelo largo cantar sobre el amor "amala, amale, amalo", dice sobre una pista tropical que sale de un parlante rodado. En el vagón, decide subir conmigo, y cantarla tal cual, y congrega a un grupo de chicos que ya terminaron la venta de hebillitas del día, que encajan perfecto con la melodía. La mayor se hacen mucho cargo de su rol, y los insulta, les pega suave, recrea pasos de baile tumberos. Una nenita más chica que ellos y con el pelo engrasado recorre el vagón como perdida. Los cuatro miran con fasincación al cantante, que ahora gira sobre sí, y le canta al amor del creador. Le husmean el parlante y el micrófono. Buscan con los ojos su complicidad. De repente esto parece una escena del nuevo cine argentino. Después pasa una gorra que apenas se llena y los chicos bajan en Palermo. (La chiquita, rezagada,se escurre entre las dos puertas a punto de cerrarse). Y sigue lloviendo, no hay mucho para comer en casa y vuelvo a tener ganas de fumar. No sé si responder a este impulso de irme a dormir temprano: temo que mañana llegue demasiado rápido.

miércoles, julio 8

suelta.

La tarde para mí. Casi respondo al automatismo de discar el 3007 y vuelta a la tarta o ensalada del buffet del primer piso. Pero con los mates previos y unas enormes ganas de ver la tarde de un día hábil sobre Buenos Aires salí. Caminé por Av de Mayo, que me gusta tanto. Me senté a comer en La Clac, que sigo recomendando aunque esté un poco caro, ¡y me hicieron una limonada fuera de menú! Caminé unas cuadras más y conseguí el libro que necesitaba para la tesis (Estereotipos y clichés se llama). Y después, ya dándole la espalda al Congreso, me fui hasta mi querida ZIvals en la esquina de Corrientes y Callao que por alguna razón que desconozco me insufla energía. Y estaba el flaquito de pelo largo y cara de duende de siempre y me dijo que no, de Lisandro Aristimuño no le quedaba nada. Seguí (con el mp3 clavadisimo en el susodicho solista) y entré a revisar las bateas de Notorious. Del muchacho sureño nada. Pero me dio por preguntar (igual que con la limonada, por las dudas) y apareció Azules Turquesas. Me pregunté si yo entera no sería un cliché como los de mi libro."QUizá sí", me respondí con felicidad y un cd nuevo en mi bolso. Apenas eran las cinco y ya estaba hecha. El mate con galletitas, Kathy y el atardecer con música en casa... toda una yapa.

martes, julio 7

1.

Un año. (Ya saben, me gusta recordar aniversarios). Llegué el 7 de julio. El año pasado era lunes. Me instalé cómodamente entre el Club de las Divorciadas: Marta, la correctora. Liliana, mi editora, astróloga con su cronométricamente emitido comentario "tengo hambre", y Moni, editora de Cultura e Internacionales, con su sobrepeso, sus collares y su menú fjo de tarta, coca light y ensalada de frutas. Durante seis meses hice unas tres entrevistas por semana a los más varipintos personajes del espectáculo, el modelaje y etcs. Después llegó la hora de "jugar en primera" (así me lo vendieron mis jefes) y de escribir en la más candente sección "Información General". Debuté con la Ruta de la Efedrina, tuve al obispo Williamson, al tatuador de Tinelli, dimes y diretes de Pergolini, el secuestro de Bergara (¿alguien se acuerda de eso?), Grassi, chicas Berlusconi y tráfico de bebés en Añatuya. Los jueves de cena afuera con Pablo se convirtieron en días de clausura: 15 horas en las instalaciones de Perfil con combo de empanadas,Coca Light y Para Tí recién salida. Ahora chateo con Anita (a la que tengo sentada en frente) e intercambio textos por mail con Ivana. Tuve pleito y tregua con Daniel y lecciones de policiales con Fernanda. Los viernes amanezco cerca de las dos de la tarde. Entonces, con el último aliento, arranco de nuevo hacia Chacabuco 271 y -conla revista aún por publicarse- propongo unas cinco ideas para el número siguiente y todo vuelta a empezar. Es lo que se suele llamar "Periodismo de actualidad". ¿Vendrán otros 365 días más de esto?

domingo, julio 5

tristes heroínas.

Las hay de pelo rubio teñido,jean ajustado con dobladillo y botas en punta. Esas piden capuchinos y se sirven medialunas en el lobby del hotel, que para muchos santiagueños de la capital es un sitio a donde ir a pasear. Sonríen apretado y se maquillan para desayunar el domingo por la mañana, y sentadas a la mesa - un sobrante de pancita les cuelga por encima del cinturón- comentan las noticias de Crónica TV mientras le echan edulcorante al café. Sus hijos, sentados a sus lados insisten "Ma, mamá, ¡ma!" Ellas contestan apenas con un "chst, comete el budín".

Pero también están las otras. Las vi en sus casas y ranchos de Añatuya. El pelo suelto y prolijo detrás de las orejas. Ojos grandes que miran reflexivos como los de Eloísa, algo sumisos, como los de Silvia o profundamente desencantados, como los de Yolanda. Sus hombres nunca están. Están trabajando en la ladrillería, desflorando maíz en alguna provincia del norte o simplemente borrachos en casa, al borde de los nervios y la paliza.

A ellas, como no tienen todos sus dientes, las llaman locas, prostitutas o en el mejor de los casos "chinitas". Caminan rodeadas de sus hijos, que las abrazan y las llenan de besos. (No pude adivinar bien de dónde es que estos chicos sacan siempre una sonrisa). Ellas son tristes doncellas en medio de este palacio seco, despojado de su tren, cines y teatro. En donde el Obispo es Rey y sus bebés la moneda de cambio.

miércoles, julio 1

éxito y fracaso.

La existencia es un cúmulo infinito de matices; podemos tener un sonoro acierto profesional y estar al mismo tiempo afectivamente rotos por dentro, o viceversa. Y, además, todo es mudable, todo es relativo. El éxito no es un lugar en el que uno se instale, como tampoco lo es el fracaso. Más bien subimos y bajamos moderada y ambiguamente todo el rato. (...) Y ni siquiera la crisis es un punto final, sólo una ola más grande. Que también se navegará y se pasará. El mejor antídoto contra la opresión del éxito y del fracaso es saber que en realidad no existen.

Leer nota completa de Rosa Montero en El País.

celeste.

Gris mi mirada ayer y anteayer. Gris tu remera sobre el sillón, celestes tus ojos sobre mí. Me gusta creerte eso de que soy linda... porque el cielo se vuelve más celeste, y yo soy linda por el resto del día.