lunes, agosto 27

mi coqueto barrio

En el coqueto barrio de las cañitas hay un perro que aúlla como un lobo. Hay una chica muy coqueta que pasea a su más coqueta Coker. Hay una plazoleta que de día visitan pocos nenes y de noche chicos borrachos que gritan y ríen exagerados. Hay veredas colmadas de autos a toda hora. Hay modelitos y actrices berretas. Hay casas muy viejas y departamentos muy nuevos. Hay parejitas con cochecito y bostezos. Hay jubilados de paso lento. Hay ruidito de Nextels, conversaciones a los gritos, bocinazos, alarmas que se turnan, martillazos, mezcladoras y grúas. Hay una hora de silencio a las 12… Hay albañiles comprando fiambre en el chino a las 12. Hay olor a asado mediodía y noche, de lunes a lunes. Hay treintañeras de jeans ultrajustados, cintos anchos y botas en punta. Hay treintañeros mirándolas apenas desde otra mesa en restoranes de velitas y dudoso gusto.
No hay –execepto la de las 12- una sola hora de silencio, no hay donde tomar un buen té, no hay jamás lugar para estacionar, no hay estudiantes, ni librerías ni disquerías.
Es un barrio de viejos que se van y se van y dejan viudas que también se van pero a casa de sus hijos y ceden espacio a los de treintaypico, toda esa legión de cochecitos, paula cahen d´anvers, bip bips, sushi, Blockbuster y postrecitos Ser. Una generación que juntó peso sobre peso para comprar su coqueta vida en el coqueto barrio vecino al coquetísimo Jumbo Palermo.

jueves, agosto 16

Sí, un turno con el incomodador, por favor...

Él te dice que que te desvistas “de la cintura para abajo” o que te saques “la ropa interior” (bombacha, así, a secas, jamás). Entonces te ponés la batita (¿por qué siempre celeste triste?!) y te recostás en la camilla. Y él casi sin excepción te dice “más adelante”. Tímida acercás la cola al borde, y te pide “un poco más”, y no podés dejar de pensar en tu depilado. Y entonces viene el consuelo interior (siempre a mano y ante lo irreversible de la situación)… “Bueno, ¡habrá visto cosas peores!”. Y fingís calma y pensás “para él es como para el dentista una boca”, y respirás hondo porque el espéculo ese molesta y encima está frío. Él sabe de tu incomodidad, de hecho trabaja de incomodar a mujeres y de hablar con ellas de temas incómodos (flujos, relaciones íntimas, menstruación…) pero a él lo llamás “doctor” y después contás que fuiste al ginecólogo como si tal cosa.

murió tony wilson..
ver o rever the 24 hour party people

miércoles, agosto 15

ufa y recontra ufa

mis posts más esmerados no reciben ni un comentario!

lunes, agosto 13

la pensión


La pensión de mi mamá olía a garrafa. Y sonaba a cumbia. A la hora de la siesta había un silencio sólo interrumpido por llantos de bebé, pero a eso de las cinco, cuando la anciana Villa (¿se escribiría así?) se despertaba de su siesta de vino tinto, Gary volvía de la obra y Mirtha ponía el agua para el mate, se volvía a escuchar la voz de Gilda.

Con los temporales de febrero los departamentos principales se inundaban. Entonces –como el barrio entero se volvía una gran piscina- no teníamos más remedio que arremangarnos los pantalones y arrancar a donde fuera… El Citroen de mamá flotando en la puerta, la chica de la galletitería desolada en la esquina…

Cuando llovía pero no tanto, a mamá le gustaba hacer tortas fritas e invitarlos a todos. Gary contaba chistes muy celebrados, su hermano Dany cantaba alguna de Sui Generis acompañado por la guitarra del negro Benavídez, el inquilino ninja hacía un esfuerzo enorme por atrapar con sus piruetas la mirada burlona de Sandra… Villa, cuando podía, traía sus 96 años y sus anécdotas de la infancia. (recuerdo en especial eso de que todas las mañanas tomaba un litro de agua de mar… “el secreto de su longevidad”, concluía invariablemente mamá).

Los domingos había sorrentinos caseros. Con mi hermana Coco íbamos al almacén de Don José a comprar muzzarella, paleta y después le dábamos por horas a la Pastalinda, mientras el tuco y las albóndigas se cocinaban sobre la hornalla. Después mates y campeonatos de canasta o Generala hasta el anochecer.

Con los demás chicos nos gustaba idear espectáculos para los más grandes. Una vez hicimos una obra de títeres titulada “El misterioso caso de las lamparitas”, en la que el malísimo Romualdo –un inquilino imaginario- se robaba todos los foquitos de luz y dejaba a la pensión en penumbras. Otra vez, en uno de los cuartos vacíos, armamos una casa embrujada. Yo conducía caracterizada de bruja (con diente negro y todo), les mostraba la muñeca ahorcada en el placard, el fantasma de toalla subiendo y bajando, les explicaba, en fin, que todos los males de los debíamos al espíritu maligno de José Luis, que seguía sin querer pagar la pensión.

Una vez para mi cumpleaños mamá armó un festejo cooperativo. Un pensionista mimo se maquilló para la ocasión y prestó su órgano y sus equipos de sonido, alguien infló globos de colores, la novia bailarina de Dany hizo algunos pasos en el patio y mamá, emocionada, me leyó Desiderata al micrófono. No entendí demasiado.

Más tarde la casa fue sede de reuniones mixtas con mis amigas, mi hermano Martín y sus amigos (las famosas “fiestanoles”); fue el punto a donde iba a parar -60 cuadras de caminata mediante- a la tarde cuando salía de la escuela; fue los mates, las pepas de membrillo, los torneos interminables de dados, los primeros Lucky Strike a escondidas en la terraza abandonada; los cassettes de Amar Azul o a todo volumen.

Fue también el elenco mutante de inquilinos (aunque sólo retengo con nitidez a los primeros).

Ahora recuerdo que a esa casa, en donde aún vive, mamá la llamaba El arca de Noé.

Yo pienso que “La pensión de Norita” le queda mejor.

domingo, agosto 5


Su nombre se escribe con H intermedia e Y. (Esa es la dosis de glamour de su vida felina). Vino de Mar del PLata a los 4 meses. Apenas la vi dije "Es igual a Kitty! (mi gatita preferida de Mardel.. lo de los nombres no es mi fuerte) Nos entendimos enseguida.. salvo algunas excepciones. Primero una noche de sábado -yo reunida con amigos, Gancia y guitarra- y a la señorita le dio por desaparecer por horas.. Con mi amigo llegamos al punto de redactar (y pegar!) cartelitos que decían "perdí a mi gata, tiene un collar rojo con tachas, llamar al..". Recorrí desesperada cada piso del edificio, mirando la vereda desolada. "Se cayó del balcón", decía llorando.. "¿Te fijaste en el placard", dijo el otro chico levantando la vista de la guitarra. "Sí, dos veces", le dije, abriendo las puertas una vez más, sacando el primer cajón y viendo como el ovillo gris levantaba el hocico apenas y me miraba con cara de "Cuál es el problema?". Tiempo después quizo saber cómo era eso del "gato volador" y le dio por tirarse -o caerse- (para el caso es lo mismo), de mi balcón del quinto piso. cUando oí los rasguñitos sobre el piso me asomé y dos flacos desde abajo me dijeron "Eh, señora.. Usted revoleó el gato?!". No se hizo nada, salvo el susto, que se pasó con una semana debajo de la cama, alimento y piedritas incluidos.
En estos seis años se volvió arisca y mimosa de a ratos; viajó idas y vueltas de mar del plata de contrabando adentro de un bolso; se me perdió adentro del micro en plena madrugada, se asustó con los fuegos artificiales y me hizo empezar el año pateando las calles de Playa Grande a grito pelado llamándola... Se ganó el cariño de fervientes anti-gatos declarados; se volvió fan del yogur, el queso blanco y las galletitas de sésamo (y ahora -descubrimos- muere por los brotes de soja).
Algunos dicen que se me parece.
Hoy que el miedo de ser una solterona de voz ronca rodeada de gatos parece disiparse puedo hablarles de ella. ¡Les presento a Kathy!

jueves, agosto 2

it s happening


Al morguero por primera vez le tocó ver vida en su puesto de trabajo.. a los transeúntes que iban rumbo a algún lado les tocó hundirse en el río Mississippi. Puede venir una gigantesca ola y tapar medio continente, puede nevar sobre Buenos Aires, pueden llover sapos, puede que por fin llegue el día en que las vacas vuelen. Y nosotros asistamos con cara de bobos al evento.