martes, noviembre 13

Un labial rojo


Hola :) Éste es el cuento que me publicaron, que ganó una mención y ahora entró en el Yo te cuento de Oro que se editará en 2019. Lo pego aquí a pedido de muchos y muchas! 

Un labial rojo

Es sábado, es otoño, tengo 26 años y estoy sola­. En tardes como ésta me siento rebotar contra las paredes de mi monoambiente. No sé si le temo más a esta soledad o a la autocompasión que empieza a inspirarme.
Está por anochecer y cae una leve llovizna cuando enfilo hacia la avenida Cabildo en busca de gente moviéndose, librerías bulliciosas, olor a café y garrapiñadas; una película para ver. Entro en un Farmacity; me acerco a la góndola de maquillajes y me tomo unos cuantos minutos para elegir mi primer lápiz de labios rojo. Lo hago con detenimiento. Necesito dar con el tono justo. Examino: carmín, coral, carmesí… Me decido por el Sangría Ice, intenso y cremoso. Al salir me siento equipada para lo que venga.
Sigo camino en medio de la tarde cada vez más oscura y fría. En un quiosco compro un paquete de gomitas de eucalipto y una Paso de los Toros.  Después cruzo al Arteplex, que proyecta su luz menta sobre la avenida. Saco una entrada para una película italiana que dura más de tres horas. Mientras subo las escalinatas hasta el baño, noto que junto a cuatro jubilados constituimos todo el público de la sala. Me paro frente al espejo e iluminada por un tubo fluorescente, agarro el lápiz, le arranco el código de barras y me lo paso por los labios dos veces. Lo hago con cierta exageración torpe, casi melodramática. Todo lo que quiero es un rojo escudo para mis ojos, mis facciones. (Tal vez, pienso ahora, mi mirada y mis emociones).

Con los días compruebo eso que leí por ahí de que el rojo en los labios retiene las miradas un par de segundos más que cualquier otro color. Debe ser que me lo tomo demasiado en serio porque ahora, al otro lado de la mesa en el restorán peruano de la estación Echeverría, mi amigo Federico me observa con ojos divertidos. Pone entre dos dedos una servilleta de papel y me la alcanza:
− ¿Qué?
− El labial, sacate un poco – dice, y ríe.

A los árboles ya no les quedan hojas cuando con mi amiga Ana armamos plan para la noche del viernes.  No me siento del todo linda. Me pongo un vestido amplio dentro del que moverme cómoda, medias negras y un par de botas. Suelto los rulos y remato con mi labial nuevo. Salgo. Todavía nada sugiere que esta noche va a nacer mi gran historia de amor.

Pasan semanas y noto cómo de a poco el rojo se vuelve talismán de nuestros primeros encuentros: augurio y garantía de sus besos. No me preocupa que el color se pierda entre sus labios y sus Cuba Libre.  No hay relojes, ni deberes, ni cansancio. No hay diferencias, sólo afinidades. No hay capricho, sólo necesidad.  Hay un ir y venir entre el living con sus discos y tragos y la habitación, con sus persianas bajas y su cama deshecha. Lloro de miedo y belleza al comprender que estoy enamorada.
Después, de a poco, y sin saber cómo, las madrugadas elásticas van cediendo territorio. El tiempo - el nuestro-  se empieza a medir en meses. El vestido deja su lugar al jean, el taco a la zapatilla, el labial al brillo transparente. Ahora mismo, por ejemplo, miro una foto. No recuerdo el cumpleaños de quién era. Lo estoy abrazando,  perfectamente maquillada, los ojos brillantes, los labios sonrientes. ¿En qué momento eso que era imprescindible se vuelve excesivo?, me pregunto.  Se pierde en seducción pero se gana en complicidad, me contesto.
Llevamos viviendo juntos un año cuando en nuestro viaje a Nueva York compro un lápiz de labios más sofisticado. De un lado tiene líquido rojo, del otro un gel transparente para fijar el color. Es inquietante cómo en el neceser los maquillajes se corrompen. Ese que en la publicidad se veía único y que en tus manos refulgía, ahora es uno más, vacío hasta la mitad, con la tapa rota, el plástico antes transparente sucio de sombra de párpados. Uso el nuevo labial la última noche de nuestro viaje, cuando me propone casarnos.  Lo pierdo antes de volver.

Peleamos mucho, pero celebramos puntualmente cada aniversario. Los primeros con regalos, brindis y cartitas. Los últimos con inercia y pereza. Para qué desempolvar el juego de la conquista, para qué ponerse el disfraz si en un par de horas vamos a ser los mismos: mismo vos, misma yo. Hay un retaceo bobo en esta disyuntiva entre celebrar el amor o dejarlo donde está. Y después, ya siendo padres, el recién llegado se vuelve coartada perfecta para esa mezquindad amatoria.

Hace un año que soy madre. Maquillarme es tapar mis ojeras.  Puestas así, una cosa  parece consecuencia de la otra. Pero en realidad estoy ojerosa porque estoy cansada; estoy cansada porque duermo mal y lloro mucho. Y si nadie se pinta los labios para gritar cosas feas yo no soy la excepción. Los alaridos furiosos e impotentes se abren paso entre mi boca desnuda y reseca. Estoy rodeada de marido, hijo y mascotas pero me siento desprovista como en aquel monoambiente a mis veintitantos.  Miro el viejo labial. Pasaron siete años y está tan gastado… el lápiz y todo alrededor.

Como le debe suceder a toda pareja que se quiso mucho, se nos concede un último encuentro pleno. Acontece en un restaurante cálido y chiquito sobre Avenida de los Incas. Hay una vela encendida y tomamos vino. Nos decimos cosas lindas, nos miramos con entusiasmo y deseo, reímos con lágrimas. La puerta de nuestra historia se entreabre para recordarnos eso que de vez en cuando podíamos ser. Pero en el amor, está claro, no es lo que habría sido ni lo que debería o podría ser. Es lo que es.

With a smile in your face and a tear right in your eye: Con una sonrisa en tu cara y una lágrima asomando en tu ojo, canta, semanas después, Mick Jagger a través de los parlantes del auto. Anochece el domingo y con la cara todavía llorosa lo sé: es la última vez que los tres vamos como familia a algún lado. La última que viajo como la esposa a la derecha. Lo comprendo con una de esas certezas agridulces donde se mezclan la aceptación y la tristeza. Por alguna razón la canción me hace sonreír. Shine a light: una luz que brilla. Mi sonrisa se expande mientras, a través del vidrio, veo pasar la ciudad oscura.

Pero la palabra aletea y se posa sobre mi relación, mi matrimonio, mi amor. “Fracaso”.
Tal vez la que fracasa es la idea del para siempre, pienso ahora, mientras me paro frente a un espejo en la planta alta de mi casa. Le sostengo la mirada a esa que está ahí. Está a cara lavada, flaca y extenuada. El pelo apagado, los ojos pequeños sobre dos surcos violáceos. Estoy a punto de darme vuelta para no verla más, pero por alguna razón ella decide soltarse la melena y desordenarse los rulos con las manos. Nos espiamos de costado. Arquea las cejas. De pronto pesco un brillo cómplice en sus ojos.
− ¡Estás ahí! − le digo.
Ella no me contesta, pero sonríe, y con la cara bañada en lágrimas se sienta a escribir una larga carta de amor y despedida. “Perdoname, amor de mi vida. Perdoname por soltarte”, termina.
A la noche, ya reunidas – la espectral y la que consigue oír una musiquita vital a lo lejos – nos acostamos entre unas sábanas que nos envuelven y acarician como si nos esperaran hace tiempo. Dormimos con la serenidad del cansancio más profundo.
Por la mañana vamos a comprarnos un labial rojo y nuevo.


viernes, noviembre 17

Qué bien se TV

Hola! Qué feliz estoy de volver a escribir por acá. Qué cosa cómo se nos pasan los días, los meses, el año. Miro la pantalla, abajito a la derecha, y me dice que falta una hora para que se termine este día, y con él la semana, y entonces quedará sólo un mes para que Tomás cumpla 5 años y no entiendo bien cómo ocurrió todo eso. Mucho menos cuándo. El modo en que opera el tiempo escapa a cualquier intento de entendimiento en lo que a mí concierne.

Sosloqueamás, -lo dije hoy frente a una cámara que no me dejará desdecirme - siempre es un lugar querido y cálido al que volver. Aunque pase un tiempo, no hay otro mejor donde decir, decirles, decirme. Cuando entro siento que volví a mi segunda casa.

De a poquito voy a volver a postear.

Por ahora les cuento que vamos a salir en la tele, así que peinensén y pónganse monas.  Será este lunes feriado en el programa Arriba Argentinos. por canal 13 a las 7 am. (Ay sí: qué madrugón) Hablamos con Agustina Muda sobre Sosloqueamás, de maternar y de que significa este espacio. Compartimos la charla con la genia de Cintia Fritz de La aventura diferente y con Luti Antelo, de Veveyblog (síganla en Instagram que es un hit).

Acá está el link al bloque! No nombran a Sosloqueamás, pero bueh. Es la tele, qué quieren.
Salimos muy churras, igual.

sábado, septiembre 9

be bold.

Resultado de imagen para be bold



Hoy en mi meditación sonó -y me resonó-  esta palabra: bold -como la negrita del Word- que resume mi búsqueda y lo que busco en los demás. 

Es una mezcla de solidez, consistencia, presencia.

Saber dónde estás parado o parada en la vida.


No se trata de ser perfecto o perfecta sino de ser la mejor versión de vos mism# cada vez. 

Cumplir las promesas (hacia vos o los demás)

Sostener la mirada al hablar.

Saber escuchar y expresarte con claridad.

Responder sin reaccionar.

Conocer qué te gusta y qué no, qué te queda bien.

Tener una buena postura. 

Cuando te encontras con gente bold la reconoces enseguida: es un regocijo enorme el que te produce dentro. 

Y ser bold es un ejercicio diario, un desafío hermoso.

sábado, julio 29

lo que comemos.

Enero 1989. Voy por la ruta en el asiento de atrás del 128 de mis viejos. Cierro los ojos fuertes - así- y deseo para adentro que se detenga el mundo. No quería que ninguna otra vaca tuviera que morir por nosotros. 
Abril 1992. IVoy por detrás de los pescadores, y sin que se den cuenta saco los peces d esus baldes y los devuelvo al lago. 
Abril 1994. Mi hermano se esfuerza por sacar una trucha rebelde del lago Nahuel Huapi y yo le grito (al pez, no a él) "Luchá truchita por tu vida!" . Después me la como con papas a la crema muy campante. 
Mayo 2010. Sobre los cerros calchaquíes veo cómo faenan una vaca. Los baldes de sangre, una atmósfera de bruma, los nenes con caras tristes no disfrutan del ritual. Junto a ellos me como un sandwich de milanesa y declaro en voz alta: "Es obvio que nunca voy a poder ser vegetariana". 
Junio 2010. Una pareja de amigos viene a comer a casa. Yo muy orgullosa les sirvo un risotto de osobuco que preparé con una receta de Fernando Trocca. Ella me dice que va sólo con el arroz. No come animales por compasión. Me quedo admirándola, perpleja, algo en la palabra com-pasión resuena en mí.
Julio 2017. Hace un año aprox. Por fin, después de muuuucho tiempo, me animo a dejar de comer carne.

Digo "me animo", no porque fuera a sentir mucho su ausencia. Sino porque había un mandato cultural muy fuerte que me impedía hacerme cargo de la compasión que me generaba el sufrimiento de los bichos. Hasta pensaba que sería poco atractiva para mi pareja y los hombres en general (?).
Aun sin estos problemas morales que a mí y a mucha gente se le plantean que tienen que ver con sojuzgar especies para nuestro consumo, después de haber estado investigando mucho el tema, comprendo que hoy comer carne y productos de origen animal debe ser un acto tan conciente como prenderse un pucho. Hacelo, pero sabé que es una mierda.

La evidencia sobra. Hay estudios de todos los tipos, tamaños y colores que muestran que la producción ganadera afecta el medio ambiente (es el principal agente del cambio climático, por el gas metano: recomiendo Before the flood de Di Caprio y Scorcese); nuestra salud (recomiendo firmememente ver Forks over knives), sobre todo en lo relativo a cardiopatías y cáncer; tiene un impacto social (con el grano con que se alimenta a nuestro alimento -la vaca- se podría terminar el hambre mundial); tiene un impacto monetario (los sistemas de salud colapsan por los problemas que nos causamos comiendo alimentos con colesterol), etc etc etc.

Es una buena fuente de proteínas? Le pregunté el otro día a una cocinera que trabajó con Adriá y Starck y que logro revertir una enfermedad autoinmune de su hija sólo cambiando la alimentación y que hoy tiene una empresa exitosa de alimentos veganos. "Es la más directa, la más práctica", me dijo, pero te viene con otro montón de cosas indeseables.. Todas las proteínas que necestamos, excepto la B12, y aminoácidos están en los alimentos de origen vegetal".

Siempre cuando se habla de estos temas tendemos a pararnos en un lugar de iluminados y evolucionados. Intento zafar de eso. No estoy bajando línea. Me hablo a mí misma también, que disfruto tanto de los quesos, que le doy a Tomás yogures industriales, que en este año me comí tres choripanes, un pastel de papas, una empanada de carne y dos tortas fritas. y que además uso carteras y zapatos de cuero.

(Noté -por suerte cada vez menos- cómo a lxs vegetarinxs y veganxs se les pide una coherencia que nadie tiene en ningún aspecto de su vida .. yo por este año me di por hecha al contribuir desde mi lugar a reducir el sufrimiento animal).

Ahora voy a emprender el enorme desafío de soltar los yogures y quesos de origen animal, por mi salud y por las vacas que no quiero que tengan que estar atadas, continuamente estimuladas para producir leche para seres que no son sus crías.

Y lo que necesito decir es que si vamos a comer carne de vaca, chancho, pollo, quesos, leche, sería muy pero muy oportuno que conozcamos que estamos comiendo, cómo impacta en nuestro cuerpo y en el planeta. Y después sí, si todavía queremos, comerlos y dárselos a nuestros hijxs. Que alimentarnos sea un acto bien conciente.


(Post arduo de escribir en este país carnívoro. Me la banco!)

miércoles, julio 26

un hecho feliz.

Hola! El post anterior estaba escrito desde la desazón. Fue un día en que me permití conectarme con la tristeza de comprender que algunos vínculos hoy no funcionan. Este #LibrodeTomás puso blanco sobre negro muchas situaciones. Una de ellas es es la imposibilidad de algunas personas de estar, sólo estar, y de compartir tu alegría, tu concreción, incluso aunque no la entiendan.
Al día siguiente, como era de suponer, apenas sonó el portero eléctrico, y una voz dijo "Buschi Artes Gráficas!" ya empecé a saltar en una pata.

- Estoy disimulando mi emoción- Le dije al pibe cuando le abrí la puerta.

Detrás de él 10 cajas con 100 libros cada una. Obbbvio que no esperé a llegar a mi piso para abrir una y sacarlo, sí, por fin, ese libro que soñé hace más de un año, en el que trabajé más de nueve meses, por el que moví gente, recursos, tiempo, energía, plata. Ahí estaba, precioso, mi chiquitín dibujado con lápices de colores y su nombre y apellido en la portada.

Magia.

Alegría.

Qué más puedo decir?

Me alegré mucho de haber armado un evento de presentación/ celebración/ entrega de libros, porque así fue redondo. Es muy cierto eso de que la felicidad sólo es verdadera si es compartida!

El viernes 21/07/2017, fecha que combina los mismos números del nacimiento de Tomás (17/12/2017), amaneció radiante. Había aflojado el frío, brillaba un sol hermoso. Llevé a Tomi a casa de su papá, para que aprovechara hasta el último minuto antes de su viaje a Roma. Vino mi mamá de visita, mi viejo confirmó que venía ... y con mis dos sobrinos! Hasta mi hermano mandó un mensaje donde por primera vez mencionaba al libro!

Después, no pude con mi genio coqueto, y me fui a comprar algo lindo para estrenar.

Y después fue hacerme limpieza de cutis, baño de crema, uñas, máscara de palta, tomar mates con mi mamá y prepararme tranquila para el esperado evento.

Fue todo como lo imaginaba, pero mejor. En Oi Hoy Casa Abierta nos trataron con mucho cariño y calidez, vino toda la gente que había confirmado, y algunos que ni me esperaba! LA comida riquísima, Tomi llegó con su papá, refeliz, más conectado con los globos que con su protagonismo Marce tocó Candombito a pedido mío, y Canción del Jardinero y otras. Martín mi compañero me ayudó en todito, todo! (Si hasta invitó él la comida y bebida para las casi 50 personas!). Llegaron mi viejo y mis sobris, amigos y amigas de todos los tiempos, .. algunas con bebés chiquitos, como Sole Cantarella, como Vero, como Maju... Amigas virtuales que se materializaron frente a mis ojos, como Roxi, como Lía, con quienes no parábamos de abrazarnos! Compañeritas de Tomi con sus mamás! Ex compañeros de laburo, Gerónima con su hija Made.... Mi tía Susana que manejó desde Ituzaingó a sus casi 80 años, sólo para encontrarse con su libro y su sobrino nieto. Y más, más, más. No paré un segundo, claro, Apenas si pude pispear qué se comía, pero fui 100% feliz. La buena onda circulaba en el aire,. Todos felices de tener el libro en sus manos, sonreían al recorrer sus páginas.

A veces es sólo poner algo en el mundo y dejarlo que tome vida propia. Así será con el #LibrodeTomás, donde fioguro chiquitita, adentro, como Directora Editorial porque así es como lo siento.

Lo suelto, allá va. Al encuentro de quienes ayudaron con su aporte a concretarlo, de los que lo recibirán como donación en instituciones para chicos, de los que eventualmente lo comprarán. Ya uno viajó a Alemania y otro a México.

Quién sabe? Quizás después haya otro, (Valor tengo!) O quizás no.

Lo cierto es que el #LibrodeTomás es un hecho feliz.

Y eso ya no se puede retirar del mundo.

Gracias por bancarme en el post anterior, gracias por tanto amor, siempre.

Ceci.



PD. Si alguien quiere comprar el #LibrodeTomás me chifla! Va para chicos, grandes, e sun lindo regalito y está a un precio amigo :)

martes, julio 18

tristeza.

Siempre le digo a Tomás, concentrate en disfrutar de lo que hay, no en registrar lo que falta. Se lo digo porque creo en eso. Y sin embargo a mí misma estos días no me está saliendo. Estoy silenciosa, apagada, sin música, sin mi habitual energía. De a ratos, incluso, lloro.

El #LibrodeTomás nació de una idea muy chiquita y simple: poner entre dos tapas todo eso hermoso que decía este niño de tres años y dárselos a mis seres más queridos, como un souvenir de una etapa. Ese círculo era mi familia y mis amigos mas cercanos.

Después por cuestiones técnicas -como que no te imprimen menos de 500, por ejemplo- fue cambiando de escala. Y más tarde, por una cuestión financiera -me quedé sin mi principal cliente, por ende menos ingresos- tomó un cariz más público: eran los propios lectores los que lo harían posible comprando algo que aún no existía.

Cuando recuerdo que en el origen era para ese círculo pequeño y amado es cuando me pongo más triste. Porque hay personas en él que ni se asomaron al proyecto. Algunos con excusas, otros en silencio, otros con lisa y llana indiferencia (algo más parecido a la sinceridad, por lo menos).  Este viernes, cuando lo presentemos, del lado de la mamá del autor voy a sentir varios agujeritos, y me voy a esmerar para que Tomi no los registre. La verdad que me duelen y no sé bien cómo se hace para aceptarlos. Si sólo fueran los meses de tiempo, dedicación y toda la plata que puse en este sueño... me sería más sencillo de aceptar. El asunto es que estas ausencias, cuando se trata de mi hijo, me resultan hirientes.

Entonces me repito: concentrate en lo que hay. - que es TANTO-, disfrutá de eso que sí hay. "Acepto la vida tal cual es, no como me gustaría que fuera"(profe de yoga Paula dixit).

Hoy no me alcanza.

Quizá mañana cuando lleguen las 30 cajas con los libros pueda dar despliegue a mi alegría.

Ojalá el viernes pueda conectarme solamente con todo el amor que trajo este hermoso proceso.

sábado, julio 1

un día cualquiera.

Arriba a las siete. Comida para Risita, agua con limón para mí. Meditación. Preparado del desayuno, mirar como pelotuda lo hermoso que es el enano. Despertarlo. Convencerlo de que va a estar su mejor amigo en el jardín. Tomar el 42 hasta Villa Crespo. Corrida literal en la zona de Corrientes y Dorrego. Izamos la bandera, cantamos dos canciones; lo acompaño a la slaita; me vuelvo (caminando o en bondi según el tiempo). Taca que te taca con la compu. Corregir tp´s, preparar el almuerzo, recibir al enano que llega con la abuela o Gero, salir a dar clase o seguir escribiendo TODA la tarde; clase de yoga, baño (con eventual exfolicación/bótox capilar/ limpieza de cutis/ depilado..mi residuo más patriarcal), jugar con Toto a la pelota, a los "Kaikers" (unos malos que nos quieren atacar) o a la pijamada con fogón ficticio y cuentos de terror; bañarlo; preparar cena con vino y los Románticos de la 100 (mi glorioso momento); sacar del agua a Toto; metemos pijama, darle de comer a Risita, acostar a Toto (cada vez más con dibus que cuentos, lo cual retrasa el sueño), decirle que lo quiero, ya dormido mirarlo embelesada, entrar ropa del tender, chequear el cuaderno de comunicaciones, lavar los platos, apagar caldera, preparar la ropita para el jardín mañana, sacarme el maquillaje. Vuelta a la compu para finiquitar laburo hasta las 12. Leer algo, o pispear el Instagram y el FB. Dormiiiirrrrr.

sábado, mayo 27

soñar, proyectar, manifestar.

Siempre me asustó la palabra. "Proyecto". Ohhh. Sonaba como a cosa lejana para gente "creativa", emprendedora, ejecutiva. Todas palabras que sonaban grandes y remotas

La palabra que viene antes es "sueño". Ahhh. Colmo de la cursilería. Un sueño, qué es un sueño, con qué se come. Báh, déjenme con esas cosas de almanaque. A mí háblenme de esfuerzo, de traba-jo, de mérito. De eso sí sé. De fuerza de voluntad, de garra y aguante. Un doctorado puedo darte, mirá.

Ambas ideas me generaban rechazo por miedo. Liso y llano miedo. ¿Quién era  yo para soñar, después de todo? Pero de a poco empecé a identificar algunas imágenes que volvían recurrentes sin ser recuerdos. "Ah, esos serán los famosos sueños", me dije entonces.

Los boceteé, coloreé y texturicé en mi cabeza. Después los verbalicé, los escribé, los medité. ¡Hasta hice collages!

Un día, por ejemplo, imaginé que podía poner todo eso tan lindo que decía mi hijo Tomás entre dos tapas; como para regalárselos a sus seres queridos. Un souvenir de una época. Entonces lo imaginé ilustrado. Y le pedí a Seel que lo hiciera. Y lo imaginé con el papel de la revista Limonada. Y hablé con la imprenta que la hace y le pedí presupuesto. Menos de 500 no imprimimos. Ok, que sean 500. Pero te sale casi lo mismo que mil. Y bueno, hagamos mil. Mi mamá, oyendo mi entusiasmo y al tanto de mi limitada situación financiera. me aseguró el capital inicial. El proyecto se fue haciendo paso a paso. Una semana esto, a la semana lo otro, a la siguiente otra cosa. De repente, pum, tenía un producto,una creación, algo nuevo, el #LibrodeTomás que pronto estará en el mundo. Ese pequeño proyecto -que me animé a hacer porque sólo oficio de puente entre Tomás, Seelvana y el mundo, porque no obtengo lucro, porque nace desde el amor puro- me sirvió para entender la dinámica de la cosa.

Ahora estoy amasando nuevos sueños, nuevos proyectos, que me llenan de ilusión. Algunos a largo plazo y otros no tanto. Uno de ellos es mi novela. Porque ya me siento quién para tener mi propio libro. Y no por este premio o aquel. Y tampoco porque haya desacralizado lo que es publicar (que también pasó). Sino porque -como le dije a una ex estudiante brillante- tener un don - es decir, algo para poner en el mundo-  y no manifestarlo, no es un acto de modestia, sino de mezquindad. Si te guardás eso único que te define, le quitás a la humanidad una oportunidad de transformarse.

Sí, el mundo es de los soñadores, creativos, emprendedores que se animan a concretar. Pero no son una elite, eh? No hablo de gente onda Steve Jobs, eh? Hablo de mí, de vos, de nosotros.


Pd: Gracias al Telar de los Sueños, a mis notas para Ohlalá, a mi compañero diseñador- realizador, A Mati y Prem Baba por abrirme los ojos en este aspecto.

sábado, mayo 20

siempre llegué tarde a todo.

siempre llegué tarde a todo.
Siempre llegué tarde a todo, o a casi todo. O siempre tuve la sensación de llegar tarde a todas partes.
Porque me bauticé a los 10 años, porque me perforé las orejas a los 11. Porque fui la última en desarrollarse (qué palabra, eh?). Porque era la última que elegían para el equipo del Matador. Porque fui la última en usar corpiño, y en ponerse un bikini. Porque tardé en besar, porque tardé en tener mi primera relación sexual.
Me tomó 20 años tener mi primer novio. Llegaba tarde a todas las modas. Siempre alguien iba adelante, con más cancherez y aire de autoconfianza. Me tomó unos 21 años amigarme con el ejercicio físico. Recién a los 28 aprendí a nadar.
Llegué tardíamente al deseo de ser madre. Cuando ya estaba embarazada pero no lo sabía. Tardé en adaptarme a ese nuevo ser, extensión del mío, parte dependiente en mis días y mis noches. Me tomó tiempo adaptarme al cielo y al infierno del puerperio.
Tardé en aceptar que el amor se puede terminar; o que sólo con amor no alcanza.
Aprendí recién ahora de qué se trata el amor con desapego.
Llegué tarde a confiar en mi escritura y a publicar mi primer cuento.
Me tomó años de grabador en REC sentirme quién para indagar la vida de alguien.
Me tomó años de pararme frente a una clase sentirme quién para enseñarle algo a alguien.
Tardé como 35 años en aprender a decir no.
Tuve que ser mamá, para cuidar mi salud con más responsabilidad. Cuidarme por alguien más. Y tuve que ser mamá para aprender a hacerle caso a mi intuición.
Llegué tal vez tarde a confiar en mis sentimientos, que no están bien, ni mal; no son verdaderos ni falsos; justos o equivocados. Son.
Me tomó todo este tiempo escuchar y aceptar la naturaleza cíclica de mi ser femenino. Disfrutar de mi cuerpo, entenderlo y amarlo.
También necesité todos estos años para hacer realidad mi compasión por el sufrimiento animal.
Llegué tarde a ponerles límites a quienes pretender un pedazo de mí. Esos que muchas veces, y sin proponérselo, actúan como psicópatas. Necesité 36 años para comprender que nadie se puede quedar con algo que vos no les das.
Tuve que sufrir mucho, pero mucho, para comprender eso de que el dolor duele inevitablemente. pero el sufrimiento es opcional. Y que la tristeza no es un mal sentimiento. Por el contrario, habla de cierta aceptación.
Recién ahora percibo mis ambivalencias, mis contradicciones, mis matices, mis exabruptos y mis claroscuros, dedicándoles apenas un desprecio que se evapora rápido.
Todavía hoy me comparo. Todavía hoy juzgo y pre- juzgo. Más seguido de lo que quisiera.
Todavía hoy me culpo por casi todo.
Pero escribiendo esto, - hoy que estoy parada acá, despierta a la vida- pienso que hay una diferencia entre "tardíamente", "tarde" y "demasiado tarde". Y me pregunto si además todo eso no es una ilusión; otro juego de mi mente. Si no será que cada cosa demoró lo que tuvo que demorar y duró lo que tuvo que durar. Como las frutas que caen cuando están maduras, por su propio peso. (y no culpan al viento cuando las arranca antes).
Quizá no soy la mina que siempre llega tarde a todo: tal vez soy sólo Cecilia, en su única y posible existencia: ésta.

domingo, mayo 7

pst...

¿Están ahí, todavía?
Quería contarles que ayer casi cerró el ciclo de mi cuento "Un labial rojo". Fue en la Feria del Libro. Practicando un poquito antes se me anudaba la garganta, y se me llenaban los ojos de lágrimas. Y lo mismo pasó una vez ahí, pero pude avanzar sin que me ganara la emoción.
Sólo estuvo Noe, mi amiga eterna, y Laura, mi analista, que propuso venir sin que la invitara, y que vino sin que la esperara. Dos personas que son pilares de mi existencia en los últimos diez años.
También llevé el labial rojo en cuestión, al que -viejito como es- hay que meterle el dedo para sacarle algo de color.
Fue perfecto.
Hoy publico para ustedes ese cuento que en su momento leyeron por entregas y en tiempo real. Y ahora sí, ya está. Le ponemos moño a toda esa historia, y vamos por todo lo nuevo.


Un labial rojo

Es sábado, es otoño, tengo 26 años y estoy sola­. En tardes como ésta me siento rebotar contra las paredes de mi monoambiente. No sé si le temo más a esta soledad o a la autocompasión que empieza a inspirarme.
Está por anochecer y cae una leve llovizna cuando enfilo hacia Cabildo en busca de gente moviéndose, librerías bulliciosas, olor a café y garrapiñadas*, una película para ver. Paro en un Farmacity, me acerco a la góndola de maquillajes y me tomo unos cuantos minutos para elegir mi primer lápiz de labios rojo. Lo hago con detenimiento. Necesito dar con el tono justo. Examino: carmín, coral, carmesí… Todo suena a declaración de principios. Me decido por el Sangría Ice, intenso y cremoso. Al salir con mi nueva posesión me siento equipada para lo que venga.
Sigo camino en medio de la tarde cada vez más oscura y fría. En un quiosco compro un paquete de gomitas* de eucalipto y una Paso de los Toros*. Después cruzo al Arteplex*, que proyecta su luz menta sobre la avenida. Saco una entrada para una película* italiana que dura como tres horas. Mientras subo las escalinatas hasta el baño, advierto que junto a tres jubilados constituimos todo el público de la sala. Ya frente al espejo e iluminada por un tubo fluorescente, tomo el lápiz, le arranco el código de barras y me lo paso por los labios dos veces. Lo hago con cierta exageración torpe, casi melodramática. Todo lo que quiero es un rojo escudo para mis ojos, mis facciones. (Tal vez, pienso ahora, mi mirada y mis emociones).

Con los días compruebo eso que leí por ahí de que el rojo en los labios retiene las miradas como tres segundos más que cualquier otro color. Debe ser que me lo tomo demasiado en serio porque ahora, al otro lado de la mesa en el restorán peruano de la estación Echeverría, mi amigo Federico me observa con ojos divertidos. Pone entre dos dedos una servilleta de papel y la extiende hacia mí:
− ¿Qué?
− El labial, sacate un poco – Dice, y ríe.

A los árboles ya no les quedan hojas cuando con mi amiga Ana armamos plan para la noche del viernes. No me siento del todo linda. Me pongo un vestido amplio dentro del que moverme cómoda, medias negras y un par de botas. Suelto los rulos y remato con mi labial nuevo. Salgo. Nada indica que esta noche va a nacer mi gran historia de amor.

Pasan semanas y noto cómo de a poco el rojo se vuelve talismán de nuestros primeros encuentros: augurio y garantía de sus besos. No me preocupa que el color se pierda entre sus labios y sus Cuba Libre*. No hay relojes, ni deberes, ni cansancio. No hay diferencias, sólo afinidades. No hay capricho, sólo necesidad. Hay un ir y venir entre el living con sus discos y tragos y la habitación, con su cama deshecha y sus persianas bajas. Lloro de miedo y belleza al comprender que estoy enamorada.
Después, sin saber cómo, las madrugadas elásticas van cediendo territorio. El tiempo - el nuestro- se empieza a medir en meses. El vestido deja su lugar al jean, el taco a la zapatilla, el labial al brillo transparente. Ahora mismo, por ejemplo, miro la foto en el Podestá*. No recuerdo el cumpleaños de quién era. Lo abrazo, perfectamente maquillada, los ojos brillantes, los labios sonrientes. ¿En qué momento eso que era imprescindible se vuelve excesivo?, me pregunto. Se pierde en seducción pero se gana en complicidad, me contesto.
Llevamos viviendo juntos un año cuando en nuestro viaje a Nueva York compro un lápiz de labios más moderno. De un lado tiene líquido rojo, del otro un gel transparente para fijar el color. Es inquietante cómo en el neceser los maquillajes se corrompen. Ese que en la publicidad se veía único y que en tus manos refulgía novedad, ahora es uno más, vacío hasta la mitad, con la tapa rota, el plástico antes transparente manchado con sombra de párpados. Uso el nuevo labial la noche que - aún allá - me propone casarnos. Lo pierdo antes de volver.

Peleamos mucho, pero celebramos puntualmente cada aniversario. Los primeros con regalos, brindis y cartitas. Los últimos son cooptados por la inercia y la pereza. Para qué desempolvar el juego de la conquista, para qué ponerse el disfraz si en un par de horas vamos a ser los mismos: mismo vos, misma yo. Hay un retaceo bobo en esta disyuntiva entre celebrar el amor o dejarlo donde está. Y después, ya siendo padres, hay un recién llegado que puede volverse coartada perfecta para la mezquindad amatoria.

Llevo un año en mi rol de mamá en el que maquillarme es tapar mis ojeras. Puestas así una cosa parece consecuencia de la otra. Pero en realidad estoy ojerosa porque estoy cansada. Estoy cansada porque duermo mal y lloro mucho. Y si nadie se pinta los labios para gritar cosas feas yo no soy la excepción. Los alaridos furiosos e impotentes se abren paso entre mi boca desnuda y reseca. Estoy rodeada de marido, hijo y mascotas pero me siento desprovista como en aquel monoambiente a mis veintitantos. Miro el viejo labial. Pasaron siete años y está tan gastado… el lápiz y todo alrededor.

Como le debe suceder a toda pareja que se quiso mucho se nos concede un último encuentro pleno. Acontece en un restaurante cálido y chiquito sobre Avenida de los Incas. Hay una vela encendida y tomamos vino. Nos decimos cosas lindas, nos miramos con entusiasmo y deseo, reímos con lágrimas. La puerta de nuestra historia se entreabre para recordarnos eso que de vez en cuando podíamos ser. Pero en el amor, está claro, no es lo que habría sido ni lo que debería o podría ser. Es lo que es.

With a smile in your face and a tear right in your eye, canta, tiempo después, Mick Jagger a través de los parlantes del auto. Anochece el domingo y con la cara todavía llorosa lo sé: es la última vez que los tres vamos como familia a algún lado. La última que viajo como la esposa a la derecha. Lo comprendo con una de esas certezas agridulces donde se mezclan la aceptación y la tristeza. Por alguna razón la canción me hace sonreír. Shine a light: una luz que brilla. Mi sonrisa se expande mientras, a través del vidrio, veo pasar la ciudad oscura.
Pero la palabra aletea y se posa sobre mi relación, mi matrimonio, mi amor. “Fracaso”.

Tal vez la que fracasa es la idea del para siempre, pienso, mientras me paro frente a un espejo en la planta alta de mi casa. Le sostengo la mirada a esa que está ahí. Está a cara lavada, flaca y extenuada. El pelo apagado, los ojos pequeños sobre dos surcos violáceos. Estoy a punto de darme vuelta para no verla más, pero por alguna razón ella decide soltarse la melena y desordenar sus rulos con las manos. Nos espiamos de costado. Arquea las cejas. De pronto pesco un brillo cómplice en sus ojos.
− ¡Estás ahí! − Le digo.
Ella no me contesta, pero sonríe, y con la cara bañada en lágrimas se sienta a escribir una larga carta de amor y despedida. “Perdoname, amor de mi vida. Perdoname por soltarte”, termina.
A la noche, ya reunidas – la espectral y la que consigue oír una musiquita vital a lo lejos – nos acostamos entre unas sábanas que nos envuelven y acarician como si nos esperaran hace tiempo. Dormimos con la serenidad del cansancio más profundo.
Por la mañana me saco fotos sin maquillaje y me animo a subirlas a mi WhatsApp y mi Facebook. Horas después algo me impulsa a mostrarme menos desprevenida. Entonces voy por un labial rojo y nuevo.


sábado, abril 15

qué ilusión.

.. y qué tremendo cuiqui tengo! Muchachada, anduve borrada. Viendo cómo llegar a fin de mes, haciendo, promocionando y vendiendo granola, dando clase, escribiendo notas, maternando al pequeño Toto y dándole forma a este proyecto.




En momentos en que todo indicaba que cómo, que para qué, que primero lo importante, que primero lo que redituara $, yo decidí seguir dedicándole tiempo y energía a este proyecto por el simple hecho de que me llena de ilusión. Porque al sentarme a compilar las frases, al llegar las ilustraciones de Seelvana, al recibir un mail de Marcos de la imprenta, al ver los avances del video hecho por Martín, me sonreían los ojos. Y eso no tiene precio.

Así es que estoy en condiciones de decir que ese pedacito de cielo que ustedes vieron nacer, ya está a punto de tener su librito ilustrado a todo trapo!

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¡Se viene el libro de Tomás! from Cecilia Alemano on Vimeo.


Entrando en este enlace  http://bit.ly/2ozCgGL  te asegurás tu ejemplar en preventa -o alguna de las recompensas- y nos ayudás a hacerlo papel!

¡Gracias, gracias, gracias!



Pd: Ahora conocen mi voz!

viernes, abril 14

como tiene que ser.

"La vida está perfecta. Todo está siendo como tiene que ser".

Así me digo cuando, como hoy, me encuentro sola y me agarra una tristeza repentina.

Tomás se fue con su papá. Su papá y yo no estamos juntos. Tampoco estoy en pareja porque decidí abrir un paréntesis ahí.

En momentos así puedo sentir envidia por el matrimonio de 40 años que van al súper por la oferta de atún y que discuten en la cola si levar 5 ó 6. Pienso que mejor acompañada que sola, lo que va contra todos mis principios. Imagino que están casi todos en la costa o pueblitos de campo, disfrutando el finde largo.

Que el resto de la ciudad están comiendo asados refelices en familia. Y los que no, están en situaciones culturales retop tipo el Malba y el Bafici. Imagino gente caminando junto al río. Parejas cuchareando la siesta. Ninguna de esas imágenes se parece a esta yo que almuerza vegetales asados y se sienta a escribir con la única compañía de nuestra gata Risita,

Por eso  en un segundo me tiento de agarrar el celular y generar un encuentro. Al siguiente, entiendo que eso sería retroceder cinco casilleros.

Sé que esas son traiciones de mi mente, imaginaciones que crea para que la pase mal. Sé que todo tiene que ser así, sé que no estoy sola.  Sé todo.  Y si bien hay días en los que mis propias decisiones me pesan, por suerte lo tengo a mi corazón que está siempre buscándole la vuelta, cada vez más claro en lo que quiere.

jueves, marzo 2

agradezco.

Agradezco la bondad que hay en mí.
Agradezco mi salud, y la de mi hijo.
Agradezco su sonrisa, sus ojos, sus palabras, su amor sin límite.
Agradezco su risa.
Agradezco la buena relación que estoy teniendo con su papá.
Agradezco tener un hogar tan lindo.
Agradezco los amigos generosos, sensibles e inteligentes que me dio la vida.
Agradezco la existencia en este mundo de Gerónima.
Agradezco mi posibilidad de escribir y de enseñar.
Agradezco estar haciéndole cada vez más caso a mi intuición.
Agradezco la infinita música.
Agradezco tener a mi mamá, mi papá y mis hermanos.
Agradezco haber conocido a tres de mis cuatro abuelos.
Agradezco la memoria.
Agradezco la posibilidad de crear. Una nueva comida, un texto, una granola, una clase.
Agradezco la confianza que encontré en el telar de mujeres.
Agradezco que el tiempo haya sido un maestro que me enseñó tantas cosas.
Agradezco mis años de análisis.
Agradezco el sol, la lluvia, las nubes, los amaneceres, los atardeceres. Las noches y las marugadas.
Agradezco el amor de mi pareja, cada vez más compañero de ruta.
Agradezco haber aprendido sobre amor y libertad.
Agradezco el yoga.                      
Agradezco la paz y serenidad cuando medito, que logro encontrar cada vez más seguido.
Agradezco cada inhalación y cada exhalación, porque indican que estoy viva.

...

Hacer este ejercicio de agradecer durante por minutos, durante 21 días.
Así dice Louise Hay. ¡Le creo!

miércoles, febrero 22

inner "nos".

Creo saber cuál es mi propósito. No es poco. Ya tengo un sueño. Es totalmente posible (como todos, supongo.. .dicen que merecés lo que soñás). Estoy en la etapa de encontrarme con mis contradicciones que describe tan bien Prem Baba en esta entrevista que les recomiendo. La presión económica no contribuye a que me suelte, pero creo que el GRAN obstáculo sucede dentro de mí. 
"A simple, but very powerful way of starting this process of finding your purpose is to ask yourself: “If I didn’t have to worry about money; if I didn’t have to please anyone, what would I do? Where would I be in this moment?” The suggestion, in other words, is for you to allow yourself to get in touch with your dreams and find out what you really want for yourself. Allow yourself to remember your childhood, especially the happy moments, when you could be yourself. What did you want to be when you grew up? Who were the people you admired? Who were your heroes? Then see if this, in some way, has anything to do with the dreams that you have today or with your current life. There is certainly a connection.
I’m not trying to say that you should be irresponsible and quit what you’re doing. I’m just suggesting that you start to map out your life. Do a check-up in all the areas: relationships, professional, money, health, friendship, family and spirituality. Evaluate these areas and identify what you would like to be different, what is bothering you and creating anguish. Little by little, you will be able to identify what is preventing you from fulfilling what you want to fulfill.
You will get in touch with your limitations or beliefs that are inner voices telling you that you can’t do what you want to do. You come in touch with your ‘nos’, and as a result with your inner contradictions: on one hand you want it, on the other hand you can’t do it. There is a ‘yes’ and a ‘no’ acting simultaneously in your system".

domingo, febrero 5

el único camino.


A mis veintitantos, quizá cansada de que me hicieran notar la incoherencia de ser marplatense y no saber nadar, pero sobre todo por el deseo de moverme en otro medio, el acuático, mi frase era: "No me voy a ir de esta vida sin saber nadar". (Tenía dos más: bailar y el parapente, me falta este último). Durante casi dos años fui dos veces por semana, bien temprano, a que un profesor me enseñara. Jamás faltaba. Hubo días de tormenta en que estaba yo sola, y ahí él más me exigía. Lo que menos me gustaba era la flotación vertical: por mucho que mi profe insistiera en la potencial caída de un avión en medio del océano, eso de quedarse en el lugar me parecía un gasto inútil de energía.
La cosa es que después salía corriendo y con la lengua afuera tomaba dos medios de transporte para llegar a la redacción y encarar un cierre hasta la una o dos de la mañana. ¡Cómo te admiro!" me decía la editora general de la revista, mientras yo pensaba, por el contrario, cómo hacía ella para sobrellevar tanta tensión sin esas dos horas de braceo y pataleo previas.

Bueno, hoy sé que tengo un sueño. Y que no me quiero ir de esta vida sin cumplirlo. Tiene forma, olores, sonidos y colores. Y no es muy grande, ni mucho menos imposible. Es éste: ser escritora, publicar libros, escribir para las mujeres que -como ustedes- encuentran algo valioso en lo que digo. Y también algún que otro cuento para Tomás y sus amigos. Me imagino haciéndolo en una casa de una planta, cálida, con jardín,un limonero, un palto, una cocina vidriada que tenga una mesa donde tomar un mate,. Que haya por ahí una parra. Podría haber también un hogar a leña. No me importa demasiado dónde quede. Me imagino ahí mismo teniendo mi taller de escritura, y yendo de cuando  en cuándo a enseñar a la facultad.  Como cuando era chiquita y alguien me preguntaba "¿Qué querés ser?" Y siempre respondía "Maestra", "Escritora". A veces las dos cosas.

Ayer, con mi cumpleaños número 36 se inició una nueva vuelta al sol. Así es, no? Cuando cumplís años, desde el punto exacto donde arrancaste la primera, te das otro paseo alrededor de la gran estrella. Será por eso, pero también por otras cosas, que siento que estoy en un momento crucial. Me gustaría que no fuera así, sería más cómodo. (Siempre pienso en lo que sería más cómodo, como si la comodidad fuera una prioridad en mi vida: ser fan de Boca o de River, ser rollinga o cumbiera, ser hippie o intelectual, ser K o Pro... ).

Sería más cómodo seguir saliendo a flote, felicitándome -encima- por lo bien que salgo a flote. Con las que pasaste, con lo duro que fue, con un hijo, y separada, sin tu familia cerca, sola desde los 18, Y la infancia, qué difícil todo, claro.. Dándome palmaditas reconfortantes por los plus. Un premio, un comentario precioso en el blog, un reconocimiento, el que sea. Y en las puertas del paraíso me dirían:

- Bueno ¿y? ¿Aprendió a nadar?
- Ah, no, pero no sabe qué bien floto. ¡Hasta en vertical!

Hoy -que estoy redefiniendo de qué modo me gano la vida- comprendo con mucho pero mucho miedo que no puedo ni quiero seguir conformándome con hacer el perrito y algún que otro braceo torpe. Acepto también que yo también tengo algo de cómoda en esto de quedarme donde hago pie. La famosa zona de (dis) confort, supongo.

Igual que aquella vez asumo que el único camino para empezar a nadar es.. ¡empezar a nadar! Y hacerlo en la dirección que anhelo.

¿Qué es si no eso esta vida?

Espero no defraudarme en ésta. Espero pronto darles noticias de un taller de escritura pensado para mujeres como ustedes, que sientan que tengo algo para aportarles. Para así empezar a acariciar este sueño que tengo.