martes, abril 22

en reparación.

Me siento rara poniendo "Acceder", "Nueva entrada". Como si la que lo hiciera no fuera la misma yo que lo hizo el 9 de abril, la última vez que escribí. Este tiempo, que no fue tanto, se vivió como siglos. Un cambio de era. Probablemente sea la misma, pero no lo siento así. El otro día salí a caminar por Colegiales, y escuchaba esta canción, que dice algo así como "estoy en reparación, aún no estoy entera pero estoy llegando a ese lugar". Sentí que hablaba de mí. I´m in repair.
Una vez más me cuesta expresarme sin decir. No puedo y no quiero decir todo lo que pasó, pero creo que se lo imaginan. Y aunque todo es muy difícil y estuve literalmente al borde de la desesperación algo me mantuvo entera. (Y alguien, mi amiga Anita). Así que no, no estoy tirada llorando por los rincones. Estoy casi entera.
Creo que internamente ya estaba en este lugar, faltaba hacerlo verdad. Con honestidad, valentía y también, por qué no, un poco de resignación, o humildad, para decirlo en forma más amable. (No, no: aceptación es la palabra).
A dónde va todo no tengo la más mínima idea. El reino de Oz es un misterio. No diviso aún el castillo de Esmeralda, pero tampoco tengo a la bruja del Este acechando. Voy con mi Totó viviendo cada día como un hoy nuevo y fresco, a veces con alegría, a veces con ansiedad, pero siempre con firmeza. Eso que decía. Este caminito de ladrillos amarillos será incierto pero no resbaladizo.
Ya habrá tiempo para que todo duela y cueste un poco más. Seguro. No creo que un proyecto de vida y un amor puedan quedar atrás sin más. Habrá tiempo para llorar. Soy una campeona de las lágrimas.  Y sé que voy a extrañar. Claro. Muchas cosas. Pero ¿saben què? La mayorìa de ellas ya tenían vocación de recuerdo hace rato.
Hoy dos personas muy queridas me preguntaban por qué no escribía. Es que no encontraba -y creo, sigo- sin encontrar las palabras. No terminan de aparecer en mis dedos como tantas otras veces. Y también es que a veces se siente como demasiado lo que tengo que suprimir del relato.
Por lo pronto puedo decirles que voy recuperando mi energía. Que bailo todas las mañanas con Tomás los videos de YouTube como dije una vez que quería hacer, a la noche escucho los Románticos de la 100 porque sí, aún creo en el amor, que puse en mi Facebook una foto sin maquillaje y que, para cuando quiero mostrarme menos desprevenida- ya tengo mi nuevo labial rojo.


Habrá alguien que no perdone que mi post no sea lo suficientemente vouyerista. Pero es todo lo que puedo decir ahora. Y ya es mucho.
Gracias por los mensajes que me dejaron en la última entrada. ¡Y los mails! Los leí todos más de una vez. ¿Cómo es posible que estemos tan cerca? No lo sé. Gracias, como siempre. Me desbordan de cariño.
Hasta prontito muchachada.

c.

miércoles, abril 9

that's where you'll find me




Someday I´ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far behind me
Where troubles melt like lemon drops
Away above tje chimney tops
That´s where you´ll find me
Somewhere over the rainbow 
 
 
Muchachada linda, me voy a dar un paseo por the yellow brick road, el caminito que vi hacer a Dorothy tantas pero tantas veces cuando era chiquita. Ustedes saben que no es un recorrido fácil y que el lugar al que llega no necesariamente es como el hogar que dejó atrás.
Entiendo que se alarmen, pero no puedo ser mucho más clara sin ser explícita. Y esto es lo último que quiero por ahora.
Estoy bien, estamos todos bien.
Sonrío, de veras.
 
c.

PS: Lean esto. Esto, con las noticias de ayer, sí importa.

martes, abril 8

puesta a prueba.

Ayer me tocó recibir no uno, ni dos, sino diez baldazos, qué digo, containers, de caca.

Dolió tanto. Tanto. Pero no entré. No me ofendí. No reaccioné. Lloré apenas un minuto. No me defendí.

Me mantuve firme en lo que pienso y siento. Si me angustié un poco lo canalicé antes de cruzar la puerta de mi casa.

También para enfrentar estas cosas me dio fuerza Tomás, la maternidad, la búsqueda interna que vengo haciendo hace un tiempo largo.

Por eso pudimos comer y dormir tranquilos y hoy amanecer muertos de risa, con cosquillas, mates, bailando temas de Pappo y los Stones. 

Estar parada donde estoy, un lugar difícil,  requirió despegarme de lo que dice el otro de mí. Entender que lo que diga el otro de mí no necesariamente coincide con quien soy yo.

Ese desapego puede llevar años y sin otros condimentos se vuelve separación.

La  verdadera utilidad de la vasija reside en su vacío.
La eficacia del vacío como instancia generadora de fuerzas y de energía.

No es un lugar feliz el que piso, pero estoy segura de que es más genuino que el suelo sobre el que venía patinando.


c.

lunes, abril 7

47.

No soy de pesarme. Los jeans -sobre todo los de Paula, o uno de Tommy de esos que no ceden medio centímetro- son mi parámetro.
Sí sé que mi peso mínimo histórico fue de 46, 5. Tenía 16 años, y mi obsesión por la delgadez me llevaba a comer tres Frutigran y dos rodajas de calabaza en todo el día, además de caminar 20 kilómetros  (Hacía todos los trayectos a pie).
Estaba al borde de la anorexia.
Cuando aquella vez la balanza marcó esa cifra lo sentí como un triunfo.
Cuando el sábado en lo de Anita vi el 47 en su balanza lo sentí como una señal, casi una alarma.
Juro que como, así que ni se tomen la molestia de retarme. Y estoy esmerándome en que hacerlo del modo más equilibrado posible.
Bueno, sí, estoy consumida.
Vienen viendo parte de ese proceso por acá.
Les prometo que cuando pueda pondré las palabras necesarias para decir lo que hace falta.
Que empiecen muy bien la semana!
Y que sea  con una música  que ilumine.
c.

miércoles, abril 2

los amigos, la música, su sonrisa, mi trabajo, el espejo

Out of the darkness, only light can come
After a lonely long night comes the sun

En las últimas 24 horas pasaron cosas lindas y no tan lindas. Ninguna grave, alguna maravillosa. Es interesante observar cómo pueden convivir todas. Y cómo la luz siempre le gana a la sombra.
Y a mí me pueden salvar la música, mis amigos como Noe y Proco, que hoy nos recibió con un mega brunch hecho con sus manos; la sonrisa (y ojitos) de Tomás, mi trabajo y ahora, descubrí, el ejercicio del espejo.
Anita -mi gran amiga Anita- también se tomó el trabajo de escribir y mandarme las que llamó "Instrucciones para ser Cecilia". No se las voy a transcribir porque son muy íntimas. Las leí tres o cuatro veces. Lloré. Entre otras cosas me dejó esta canción hermosa. Y el ejercicio del espejo. Mirarme hasta desprenderme de mi imagen, y ver qué hay.

Puse PLAY.
Me paré frente al espejo.
Primero me vi flaca ,ojerosa y con el pelo seco.
Después vi en mis ojos cansancio de luchar.
Sonreí. Y vi que mi sonrisa en verdad era una mueca tristona.
Seguí.
Los ojos se pusieron vidriosos.
Solté el rodete.
Entonces no sé cómo me descubrí sonriéndome a mí misma con complicidad.
Los ojos ahora tenían brillito, las cejas levantadas.
Me espié de perfil mientras metía las manos entre el pelo.
Y me reí más fuerte.
Y a esa del espejo, le dije - me dije- "Ey! Estás ahí!"

lunes, marzo 31

un labial rojo.


Siento la necesidad de contarles sobre este lápiz labial. O sobre quién era yo cuando llegó a mis manos, y quién soy hoy, cuando está a punto de terminarse.
Lo compré un sábado fresco -calculo que sería otoño ya- de 2007. Tenía 26 años y a veces no tenía con quién compartir una tarde de fin de semana.
Esa vez decidí no quedarme adentro teniéndome lástima. Entonces en actitud muy Bebe enfilé para Cabildo, pasé por un Farmacity e hice mi compra. Le pedí uno bien rojo.


Después fui hasta el Arteplex de Belgrano, saqué una entrada para La meglio gioventù, una peli italiana que tenía muchas ganas de ver. En el baño viejo de ese cine de viejos me pasé el lápiz por los labios dos veces. Quedaron como yo quería: rojo furioso.
Después me compré unas gomitas de eucaliptus y una tónica y me senté en la butaca, rodeada de tres jubilados. La peli duraba como tres horas y era realmente hermosa.
Me sentí hecha.
Ese día sólo hizo falta animarme. Decidir que podía cambiarle la cara al sábado,  y hacerlo.
La compra del labial fue sólo un detalle de esa tarde?


No lo sé. Pero por algo hoy que pide reposición necesité hablarles de él.

Feliz semana muchachada,

c.

lunes, marzo 24

más de 5 mil días.

Dice el calendario que me iba de allá y llegaba acá un día como hoy, pero hace 15 años. Veneraba a esta ciudad que anochecía. Siempre había amado Buenos Aires, aunque mi "siempre" fueran los 14 años que llevaba en Mar del Plata. Por entonces casi toda mi vida. Hoy, más escuetos y lejanos. Y desde que llegué, cada 24 de marzo recordé con nostalgia y alegría la fecha. Aunque coincidiera con esa otra, histórica y atroz. Desde que tuve este blog dediqué cada año un post para recordarla y repasar los hitos y encantos de la gran ciudad.

Y el 24 de marzo de 2012 el destino quiso que concibiera a mi hijo.

Pero esta vez, por alguna razón, pienso en esa otra ciudad. Quizá la cercanía no me permitió ver que la dejaba atrás. Por eso hasta hoy sólo le dediqué algunas líneas torpes al mar. Pero hoy necesito averiguar qué lugar ocupa en mi identidad, ahora que amaga con ser no mucho más ni menos que la sede de mi infancia y adolescencia.

Lo primero es la casa de la abuela Eugenia. Qué duda hay. Esos tres ambientes al final de un pasillo largo donde jugaba con miu hermano mayor y aprendía a conocer a la recién llegada. El olor era el de la fábrica de Havanna, un dulzor flotando entre la brisa del mar. Las caminatas hasta la ventanilla de venta nocturna eran misterio concentrado en cinco cuadras. Después, el puesto de muñecos hechos de caracoles, que por entonces me parecían un encanto. Los juegos con Noralí, y por la mañana, camino al jardín, los caramelos de dulce de leche y maní en ese quiosquito amarillo atendido por el señor que me saludaba "Co´te va?!"

Después las Navidades. No es que antes no hubiera, es que no tenía edad para recordarlas. La primera fue ahí mismo, en la casita de La Perla. Todavía no sé cómo una bolsa llena de regalos cayó por la chimenea. Adentro había hasta la cadena del chupete para la pequeña Coco. Las siguientes fueron más allá, en Parque Luro, donde el olor del mar y de los alfajores era reemplazado por el de los tilos. Donde había vecinas y vecinitos. Una jardín delantero donde esperar a Papá Noel y encender estrellitas y luces de bengala. Ahí mismo  papá dejaba el auto cuando llegaba de trabajar. Ahí ensayé la bici sin rueditas e instalé mis puestos de pulseritas de hilo de seda y de Siemprevivas. Cuando llovía me gustaba refugiarse bajo el porche. Esos dos metros cuadrados eran garantía de hogar y calor.

En el colegio N° 2 República de México no llegué a terminar tercer grado cuando los paros  -ya entonces los paros- me sacaron de ese que era mi reino mágico. Con mi guardapolvo blanco de tablitas angostas organizaba la patrulla protectora de gorriones -y el cementerio para los que perecían víctimas de una gomera- los hurtos a 1° C y las corridas con patadas voladoras. Mamá aprovechaba la feria de platos para pavonearse con su lengua en salsa verde y sus pasta frolas. Martín iba a siempre tres años más arriba. Yo hablaba hasta por los codos, creía que me las sabía todas, terminaba de florero en medio del patio. Era muy feliz. Hasta que los paros. Y el colegio privado, que ahora decido suprimir del relato porque no fue Mar del Plata, porque casi mejor olvidarlo.

Fue Mar del Plata la que me convirtió al catolicismo. Los curas franciscanos del Esquiú me mostraron qué alegres pueden ser los salmos y villancicos y que la misa del domingo también sirve para espiar al chico que te gusta. Más adelante el Nacional Arturo Illia me enseñaba un adelanto de lo que sería la facultad a la par que -campamentos y salidas mediante- me dejaba media docena de amigos que siguen hasta hoy.

Para un adolescente es una ciudad con todo un abanico de reglas. O modas ridículas. Un día se usó el jean arremangado. Nunca sabré por qué una mañana me encontré enrollando los pantalones hasta las rodillas.  Otro día se usó la cola de caballo a un costado, caída como al descuido, y ahí fui,  intentado lograr el efecto, sospechando que todo empezó por una chica popular del Santa Cecilia, cuya cola torcida a alguien le pareció ser el secreto de su fama. Otro día se estiló la chomba debajo de una remera. No importa cuánto me preguntara dónde se originó la insólita moda, la seguí hasta el final; doblaba el cuellito de las chombas de mi hermano por encima del escote de la remera para pararme en la peatonal a esperar mi entrada para el boliche.

Algo de estos antojos marplatenses me resultaba abrumador. El Deber Ser marplatense es un señor impiadoso. Sobre todo con los que se cansan de ponerse sus uniformes y usan palabras que se salen del diccionario cotidiano.

Sentí un atisbo de lo que quería caminado con Los Redondos o los Rolling en mis auriculares, o manejando a toda velocidad - el pucho entre los labios- el auto de mi papá. Pertenecía a esta ciudad, y a la vez siempre algo me era ajeno. Por eso dejé de sentirme sapo de otro pozo cuando el 24 de marzo de 1999 me subí a ese mismo auto y con cuatro o cinco cosas dejé atrás la ciudad junto al mar.

Y, sin embargo, de a momentos, añoro todo aquello. Cada unos de esos más de cinco mil ciento y pico de días. El pochoclero en la esquina, la pantera y el ratón en la fuente, el olor a tostadas, las rondas de Jodete, Ferimar, los paseos en Citröen, los lobos marinos, el olor a puerto, la pizza en el auto, el sonido de las bordeadoras, el pasto recién cortado, papeles de carta importados, la flauta dulce, el jogging de ciré, el piso duro del gimnasio, la kermesse en septiembre, la escollera con cañas de pescar, las rosas florecidas, el colibrí en la rosa china, el horno de barro, la siesta religiosa, el humo del asado, Orco, China y los cachorritos, Totó, Kitty y Niki, el tordo, el conejo, la alacena con galletitas, los puchos apagados sobre el plato, la casita armable, los pequeños Pony, las leyendas del Torreón del Monje, las figuras de crealina sobre la estufa, Arriba Cabrales, arriba Cabraaaalesss...,  los mates en el paseo José Galíndez, el Anamora allá a lo lejos, los caballos de Parque Camet, los pañuelos anudados en la Sierra, el pesebre móvil en la gruta de Lourdes, el coro municipal, la falla valenciana, los fichines en Sacoa, el sucundúm en la panza bajando Avenida Colón, lloooren chicos lloooren...llegaron los barquillos, el circo Rodas, el ritual del vestuario en el balneario, el trapo de la almacenera sobre el sachet de leche, el 543, el 571, las esperas en la parada de colectivo, Torres de Manantiales, los paquetes Álvarez Argüelles, las olas salpicando Playa Chica, los pedales duros cuesta arriba, el cafecito por Güemes, las carpas anaranjadas sobre la playa, el Sapolán y los waffles, el último boliche de Alem a la espera de un cliente, las voces engoladas en la tanda radial, los churros de Manolo, el Piso de Deportes, Canal 8 y Canal 10, la galería Lafayette, las fotos con viñetas de Cuore Color, la cantina Don Gennaro, la tiranía del bronceado, el shopping Los Gallegos, los cornalitos de Chichilo, las gaviotas al anochecer, el olor a marea alta, el viento contra la cara y hasta los lobos marinos de cemento.

Hoy mi retoño, la muestra más palpable de que Mar del Plata, la infancia y adolescencia están allá atrás, se animó a dar pasitos agarrado de mi mano izquierda. No me extrañaría que elija este día para largarse a caminar y avanzar solito.

jueves, marzo 20

the spark in you.

Y anoche vi la escena de Madagascar 2 en que hacen la función del circo, mientras Katy Perry canta:

Do you ever feel already buried deep? 
6 feet under screams but no one seems to hear a thing 
Do you know that there's still a chance for you 
'Cause there's a spark in you 
 
Y ustedes insisten en que la paz está dentro mío.

Y hoy Geo me hizo llegar este texto.:
 
Estás "en paz" cuando te conectas con la vida desde tu Centro, que es la fuente luminosa en el centro de tu Ser. Dado que eres un ser de luz en un cuerpo físico, y la naturaleza de la luz es estar en la energía de la paz, lo que puedes llamar tratar de ”estar tranquilo”, va en contra de la naturaleza de tu espíritu que es estar en reposo, así como la energía y la luz están siempre en movimiento. Estar “en paz” es abrazar la energía de la paz y saber que todo está en orden divino, que todo está bien, y todo lo que no está alineado con el flujo de la luz y la paz puede ser traído de vuelta a la paz, al permanecer en contacto con tu centro de paz y estar 'en paz'.

Estás 'procurando la paz' o en el espacio físico de la paz, cuando te enfocas en ser en lugar de hacer. ¿Te es difícil detener la charla mental, el ajetreo, el caos y el ruido del que estás rodeado? Si es así, encuentra tu centro 'en paz', imagínalo como una chispa de luz brillante dentro de ti. Puede ser pequeña o grande, como sea que elijas imaginarla. Mientras vuelves tu atención hacia adentro, hacia esa luz, la expandes hacia el exterior hasta llenar tu espacio energético, más allá de tu cuerpo, hasta donde deseas que llegue. A medida que te rodeas con esa luz, estás en paz.

Esta es la forma de conectarte con la quietud dentro de ti en todo momento, reconociendo que estar "en paz" es rodearte a ti mismo con la energía de la paz y fluir en ella. Aun en medio del caos, estar en paz te permite encontrar el camino a la calma, y tener claridad para enfrentar la confusión. Desde la energía de la paz, todas las opciones pueden ser consideradas, cada posibilidad examinada, todo el potencial puede conectar contigo porque no estás bloqueando el flujo de energía y movimiento, tratando de estar tranquilo y de dejar de moverte, procurando estar en paz. Y no importa cuan perjudicial sea la energía alrededor tuyo, puedes crear calma en el caos, convirtiéndote en el observador desde tu lugar de Paz.
 

 
Como el tigre Vitali, tengo que animarme a atravesar mi anillo luminoso.
Feliz jueves muchachada,
 
c.

martes, marzo 18

paz.

De frente al sol, sentada con la espalda recta, mientras cuento respiraciones.
Bajo el chorro de agua helada, al final de la ducha.
Antes de dormir, apoyada sobre un lado, las manos juntas.

Agradezco cada cosa que tengo,

Tomás
Casa
Trabajo
Amigos
Salud
Amor

Y pido ésta que falta hace rato.

Paz.
Paz.
Paz.

martes, marzo 11

tender


"Para mí lo más difícil de ser mamá no es ser mamá sino seguir siendo yo en todos los demás aspectos de mi vida", me decía por mail una amiga que fue mamá hace diez meses "con mi marido, con el trabajo, conmigo misma.."

¿Cómo sería seguir siendo ella? Cómo sería seguir siendo yo? Cómo sería seguir siendo vos?

¿Qué sería, exactamente, seguir siendo lo mismo, si ni el mundo siquiera es el que era antes de que esa nueva vida existiera?

Hoy no quiero que me lean a mí, sino a esta otra mujer que a partir de su nuevo ténder asumió una nueva capa de su identidad:

la de mamá de Jana.

Toda ternura (PLAY)

Disfruten la lectura, muchachada!

c,

miércoles, marzo 5

comer, rezar, amar


 NumeralAutofoto. digo... #selfie!

No es un título justo para este libro. La película no es justa con este libro. Seguramente la traducción al castellano no sea justa con este libro.  Y yo quizá no sea justa al hablar de él tanto tiempo después de su momento hit, y sin haberlo terminado todavía.

Y sin embargo siento la enorme necesidad de hacerlo.

Hace un par de semanas lo empecé prejuiciosa y desganadamente. Al principio salteaba párrafos enteros, algunos por cansancio (a la noche, en inglés.....), otros porque simplemente no tenían que ver conmigo.

Pero de a poco sintonizamos. Liz Gilbert y yo. Y mucho.

Su neurosis, sus miedos, su soledad, sus pensamientos intranquilos, su dificultad para meditar, su tendencia a querer controlarlo todo, su ansiedad, su sensibilidad, su curiosidad, su sociabilidad.

Mientras avanzo las páginas sonrío, río y lloro. Muchas veces por sentir que lo que leo me habla. No importa si en Nueva York, Roma o India.. (No llegué a Bali).

Lo más fuerte fue ésto: cuando su amigo romano le pregunta "Qué palabra te define?", ella dice "Seek". Como yo dije "inquietud" dos semanas atrás.

Sí. Ella allá, famosa, con su pasaporte y un sinfín de gente. Yo, acá, anónima, con mis libros, y un puñado se seres queridos, estamos en una búsqueda.

La  búsqueda de lo que yo hasta ahora llamaba "verdad" (Frase mía en terapia: "No me interesa la actualidad, ni los chismes, ni ninguna distracción. Me interesa la verdad de las personas. La verdad de las cosas. La verdadera Cecilia, mi verdad en el fondo. Lo que de verdad importa". ) es lo que otros llaman "búsqueda espiritual".

Es más trabajosa sin tiempo para dedicar a la meditación, con horarios que cumplir, cuentas que pagar, hijo que cuidar. Pero algo es seguro: si arranca, no la podés frenar. Vas a encontrar sentido en un libro de Fromm, una columna de Sinay, un post perdido en un blog querido, un párrafo a la pasada  de Krishnamurti, una charla de desconocidos, un diálogo en una peli, una línea de Mías Astral, una frase de alguien cercano, un atardecer por la ventanilla de un micro.

Así que sí, estoy en una búsqueda espiritual.  Expresión que siempre rechacé por esotérica.

No sabía -ni me animaba- a ponerle ese nombre hasta que no me sumergí en esta trama. Es la búsqueda de Dios, aunque también me cueste -y todavía me resista- a llamarlo así. La búsqueda del amor, en el total sentido de la palabra. La búsqueda del sentido de la existencia, incluso sabiéndola ambiciosa e inalcanzable.

Aceptar que la mitad es trabajo propio, y la otra mitad es destino.

Aniquilar con carácter de urgencia a mi insufrible ego, empezar a mirar desde el corazón y avanzar con él solamente como guía.

Lo que me alienta es que cuando por un momento, un destello de todo esto me roza siento la más absoluta certeza de que la vida va por ahí.

Les pasa?

Feliz cortísima semana, muchachada,

c.

miércoles, febrero 19

colores verdaderos.

But I see your true colors
Shining through
I see your true colors
And that´s why I love you
So don´t be afraid to let them show
Your true colors
True colors are bautiful,
Like a rainbow

Hace muchos días que esta canción suena en mi cabeza. Y ahora entendí por qué. Me estoy animando por primera vez a ver la vida en todo su abanico de colores. A veces todos juntos y brillantes, como los de un arco iris. Y a veces menos variados, más opacos.
En este mundo blogger detecté que nos esmeramos mucho en contar lo bello, lo dulce, lo contento, lo estridente ...lo colorido del asunto. Sí. Todos - ¿Debería decir "todas"?- nos esmeramos y mucho en resaltar nuestro arco iris, aunque a veces resplandezca sobre un cielo gris. El lado A que no necesariamente viene sin lado B. Y nos guardamos cuando hay nubes o tormentas, y no decimos nada. Quizás omitiéndolo pretendemos que sea menos real. Quizá no sabemos ponerle palabras. Quizá el gris no es fotogénico. O quizá somos todas almitas con tanta vocación de equilibrio que no admitimos que a veces llueve sin sol ni arco iris. Y no hay remedio para eso, más que abrir el paraguas, esperar a que pare o -si tenemos suerte- bailar bajo la lluvia.
De cualquier forma, a lo que voy, es que en mi vida aprendí a darle una dimensión a lo que es. Lo que es. Independientemente de lo que me gustaría que fuera. Nada que se parezca a la resignación, sino más bien a la aceptación.
Estos dos últimos años fueron los más intensos de mi vida. Pasó de todo un poco. Incluso las mejores de ellas trajeron un correlato inesperado. Ya saben: no hay mudanza sin estrés, ni hijo sin cansancio, ni muertes felices, ni trabajo sin exigencia, ni pareja sin conflicto, ni incertidumbres mansas. Hice y me pasaron cosas buenas y malas, y en todas ellas estuve presente, pero de algún modo con ese anhelo interno de encauzar, de ser la que debería. A veces ocultando hasta de mí lo que no quería ver.
Pero estos mismos dos años me depositaron donde estoy ahora, una noche de febrero, cuando escribo, mostrándome los verdaderos colores.
Soy la mujer que soy, cada persona es lo que es, las cosas son lo que son y lo que pasa también es.
Así haya un arco iris cruzando de punta a punta la ciudad, así no pare de llover, así mañana tampoco salga el sol no hay nada mejor que ver los verdaderos colores.
Los míos, los ajenos, los del mundo alrededor.
Y son todos igual de hermosos.

viernes, febrero 14

el arte de amar.

Hoy, Día de los Enamorados, quiero hablarles del Arte de Amar, que no es el Arte de Vivir, aunque sí, es una forma de vivir.

Ante todo es un libro escrito por Erich Fromm. Seguro un montón lo conocen. Durante .. no sé.. años? supe que tenía que leerlo, que estaba escrito para mí. Ya saben: todo, desde el título, hasta la última entrada en este blog,tiene que ver con el amor. En su sentido amplio.  Pero les voy a hablar de lo que me pasa a mí con este libro.

Amar -sí, así, en forma de verbo, no de sustantivo- es una actitud. Es una forma de mirar y experimentar el mundo. Es una búsqueda espiritual en la que vas encontrando pequeños tesoros, aunque no creo que haya cofre al final. Así lo es para mí. Y me encontré con que este hombre, de cuya trayectoria sé poco y nada, le puso a todo eso las palabras precisas. Tanto que hasta veces me molesta, porque como yo no podría decirlo mejor termino parafraseándolo cuando no citándolo.
 
No es un libro amable, ni poético. Por momentos es más bien áspero. Amar no es fácil. Nadie nace sabiendo cómo dar y recibir amor. Aprendés o no, y esa es tu decisión. Hay un momento de tu vida en que decidís de qué lado estás. Si querés que te amen o si ante todo querés amar. En un primer momento podés inclinarte a pensar que es mejor lo segundo, porque te garantiza no sufrir. También esa es una elección.
 
A mis 20 años todavía no había tenido novio. Y a la noche, a veces incluso llorando, pedía conocer el amor, aunque después sufriera. Al poco tiempo pasaron ambas cosas. Seis años después -llevaba dos sola- un domingo en casa lloraba porque no sabía qué hacer con mis ganas de dar amor. No sabía a dónde meterlas. Quería amar a alguien. Llegó esa noche.

No soy una gurú. Claramente no lo soy. No soy una mujer sabia, de temple sereno, que pueda dar cátedra sobre nada, mucho menos sobre asuntos del corazón, pero sí puedo decir lo que descubrió el mío en este campo.

Sosloqueamás se trata de eso. No podés definirte por quién o cuánto te ama. Eso no te pertenece. Estoy convencida de que nada, nada, nada en el mundo te pertenece más que tu capacidad -o incapacidad- de amar. Es la valijita que llevás a todos lados.

Es el modo en que te aproximás o enfrentás al otro. No ya una pareja... cualquier persona en este planeta. Podés buscar su esencia, o concentrarte en lo que los diferencia. Encontrar qué lo o la hace bella, o juzgar a esa persona según cánones que siempre están a la mano.

Es tu modo de relacionarte con el tiempo. Aprovechándolo, amándolo porque es uno y finito, o dejando que se escurra entre tus dedos. Vos sabés cuándo te estás conectando con una energía baja, y está bien, no se puede vivir siempre en la más altas de las vibras. A veces hay que abrir la revista de chismes, hablar mal de alguien, comerse una docena de facturas y mirar una bazofia en  la tele. Pero después tenés que volver a vos,  porque el tiempo es muy poco como para andar tan distraídos.

El arte de amar es una manera de experimentar lo material. Recibir es lindo, dar no tiene precio. Y que no suene a caridad, por favor, no! Otra anécdota: una vez mi ex novio me habló por teléfono, y yo supe por su voz que quería verme para terminar. (Después íbamos a volver, pero yo no lo sabía).
Quedamos para la mañana siguiente. Esa tarde me fui a Musimundo y le compré el último CD de su banda preferida. Al día siguiente me desperté temprano, me vestí con mi más linda pollera y me perfumé, y sentados en el parque, aun después de escuchar lo que tenía para decirme, le di su regalito. (El hit de ese disco era “Si el amor se cae”, ja.). Se quedó medio helado, pero no me importaba. Lloró, pero yo tenía que dárselo. Tenía que ser lo que amaba hasta las últimas consecuencias. Agarrada de ahí no te tira nadie.

Es un modo de vincularte. No creo en eso de la media naranja y el “You complete me”. Creo más bien en la posibilidad de elegirse desde un lugar lejano a la falta y la necesidad. Por eso necesité aprender a vivir y a estar sola; a creer en mí y amarme (esa es la parte que aún hoy cuesta, pero ponerme metas y cumplirlas fue un buen método). A abandonar el tentador lugar de víctima.

Así quiero vivir.


Erich Fromm dice que para amar se necesita fe. Y acá hay que despojar a esta palabra de todo lo que uno presupone de ella. Fe es irte a dormir con la convicción de que mañana te vas a despertar. Eso es la fe. Ni más ni menos. Casi lo contrario al miedo.

La práctica de la fe y el valor comienza con los pequeños detalles de la vida diaria. El primer paso consiste en observar cuándo y dónde se pierde la fe, analizar las racionalizaciones que se usan para soslayar esa pérdida de fe, reconocer cuándo se actúa cobardemente y cómo se lo racionaliza. Reconocer cómo cada traición a la fe nos debilita, y cómo la mayor debilidad nos lleva a una nueva traición, y así, en adelante, en un círculo vicioso. Entonces reconoceremos también que mientras tememos concientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconciente, es el de amar. Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor. 

Perdón si fue largo, y no salió nada romántico más adecuado a este Día de los Enamorados Es que leí por tercera vez este libro antes de soltarlo (ahora tiene un gran destino)  y necesitaba compartirlo con ustedes.

Gracias muchachada por sintonizar el canal cronopio,

c.

martes, febrero 11

él, hoy, vos.


Es tu motor y tu freno. La luz verde y la roja. De a ratos la amarilla de la cautela.
Con él no podés precipitarte ni dilatar demasiado.
Vino a mostrarte de qué se trata la responsabilidad, no como un deber, sino como tu respuesta natural a sus necesidades.
Con él no hay "pido". No hay "¡Máh sí!". No hay "Chau, renuncio", no hay madrugadas de Oreo y pelis con una amiga. Y aun en la peor de las crisis no hay pasajes a Roma, India o Bali.
Entonces tenés que seguir, lo que muchas veces significa quedarte justo donde estás, buscando espacios para descomprimir, pensar, aflojar, llorar.
Después abrís la cortina de la ducha y lo más seguro es que el mundo siga igual allá fuera, pero vos  te sientas más limpia y lista para enfrentarlo.
Sí, él es el hoy.
Y vos no habías conocido hasta ahora la verdadera cara del hoy.
Porque además de todo él vino a enseñarte eso del aquí y ahora.
Sin opción, ni ilusión, ni deseo de escaparles.

lunes, febrero 10

lo roto.

Lunes, pegajoso, gris, maldormido, afiebrado, que sigue a un fin de semana muy cansada, donde me dolía cada músculo porque incubaba esta anginas -otra vez- que ahora hacen un nudo de mi garganta. El llanto, los gritos, el cansancio más absoluto, el "Por favor ya basta",
Tomi de cabeza al piso, su llanto, su chichón.
La casa patas para arriba por los pintores.
Las ilusiones de tres días tranquilos desparramadas y pisoteadas sin consuelo.
Eric Bibb con su tiempo necesario y los ibuprofenos que apenas mitigan el dolor ahí donde tragás.
Una lista interminable de cosas que no sé si tienen arreglo.
Buscar y añorar puentes que ya no están.
De repente tener una foto de quién sos hoy, y no gustarte nada.
Y a la vez, un impulso de ser feliz.
No querer vivir así.
Sentir cada vez más que cualquier cosa sería mejor que esto.