martes, junio 21

yoga.



Le queda hora y media a este martes en el que, además de celebrarse el comienzo del invierno, internacionalmente se festeja al yoga. Y yo quiero usar la efeméride como excusa. Porque hoy entendí más que nunca lo importante de una práctica -ésta o la que sea- que una cuerpo con mente. Ustedes que me leen por acá, e incluso si me siguen en mi Instagram, saben que soy una buscadora espiritual. (Sí: digámoslo así, aunque suene -eso que tanto temo- esotérica o mística). Me refiero a que soy una preguntona-barril-sin-fondo que quiere saber el por qué de todo y que busca los caminos de acceso a la verdad y la paz.

Bien, un día sin hacerlo del todo conciente, algo en mí comprendió que ya no había forma de seguir ejercitando el cuerpo como si fuera esa carrocería más o menos agraciada que transporta tu cerebro a todos lados. Fue a la vuelta de un breve viaje a Mar del Plata donde no sólo no visité a mi familia, sino que me alojé en un hostel de surfers y tomé clases con ellos. La propuesta -dirigida a un grupo de periodistas- era conocer el deporte de las olas desde dentro y hacer notas donde mencionáramos a la marca que auspiciaba. Fantástico. La última tarde logré pararme sobre la tabla, y sentí el mar deslizarse por debajo de la tabla. Fue una de las sensaciones más mágicas y deliciosas que haya experimentado.

Al volver, desde la vereda de enfrente sobre Luis María Campos, vi mi gimnasio, al que había ido ob-se-si-va-men-te durante cinco años y comprendí que ya no podía meterme entre esas cuatro paredes para que mis músculos - a fuerza de repeticiones en artefactos de acero - se pusieran más voluminosos y tensos. No, no. Ya no. La minita que entrenaba casi dos horas hasta cinco veces por semana -incluidos los domingos- encontró una distancia ridícula entre lo que hacían esos surfers con sus trajes, el frío, la sal, el sol en la cara, los brazos remando desde la orilla hasta enganchar otra ola y esos otros flacos que hablaban sobre esteroides y dietas proteicas mientras pispeaban de reojo su silueta en el espejo.

Pero no fue enseguida que llegué al yoga. Pasaron unos meses hasta que -fumando un porro sola en casa. cobré plena conciencia corporal y, escandalizada por mi mala postura, escribí con rojo en una hoja gigante: "Empezar yoga". Al día siguiente -sería abril de 2007- empecé mis clases en Ananda Yoga, el mismo centro donde volví a inscribirme hace casi tres meses.

¿Qué encontré? Bueno, quizás ustedes lo puedan decir mejor que yo. O mejor dicho: lo que cada uno encuentra es muy personal. Así que sólo puedo hablar por mí. Me encontré con la posibilidad de alinear cuerpo y mente -lo que les decía más arriba. Nada menos. Es decir: en esta práctica por más que te pongas ahí, y hagas más o menos lo que te dicen que hagas, no llegás a ningún lado si eso no lo acompañás de conciencia e intención. Debés llevar tu atención, tu percepción, a distintas zonas de tu físico, para conectarlas entre sí, y conectarte vos con ellas. Como consecuencia, durante al menos una hora, estás en estado presente, algo que no nos permitimos ni siquiera cuando viajamos a solas en el subte o el bondi. Obvio que podés hacer trampa y no estar. Pero al salir queda tan en evidencia que a la única que engañaste fuiste a vos misma, que probablemente no lo vuelvas a hacer.

Entonces sí, están las posturas, el uttanasana, adho mukha, mula bandha y ZARAZA -porque yo yogui no soy- y sí, está la que se cuelga muy esplendorosamente, el que respira fuerte, la profe menos paciente, el compañero viejo que no caza una,.. el incienso, los mats, los almohadones, sogas, los mantras de la relajación, y toda la parafernalia. Pero ante todo está esta posibilidad abierta -y optativa- de dejar eso que llamás preocupaciones en la puerta, y conectarte con tu respiración, tus latidos, tus tensiones y distensiones y tu musculatura, Si tenés una buena relajación sobre el final podés llegar a lugares insospechados. (En aquellas primeras clases yo siempre terminaba llorando porque algo me llevaba de golpe a rincones inesperados de mi infancia). También podés llegar a buenas conclusiones, o al menos a despejar la cantidad de pelotudeces que tenías en mente camino a la clase; al punto que al salir te preguntes "Qué carajo era lo que me tenía mal?".

Este estado lo podés lograr -seguro lo conocen- a través de otras prácticas. Yo lo alcancé en menor o mayor medida corriendo, nadando, bailando y haciendo origami.  Pero; corriendo a veces me ponía competitiva y/o me dolían las rodillas; nadar se complica si no tenés pileta cerca; bailar tiene que ser de forma guiada, al menos para mí que si no termino payaseando o haciendo una cosa extática poco meditativa; el origami no ejercita tu cuerpo. Además el yoga tiene una GRAN conveniencia, y es su absoluta portabilidad. ¿Hay algo más portátil que tu propio cuerpo? ¿Y accesorio más accesible que tus pies descalzos? No lo creo. He hecho yoga en todas mis casas de Buenos Aires, en Mar del Plata, en la isla de Comandatuba, en Itacaré, en Montevideo, en Punta del Diablo, en Praia do Rosa, en San Pablo, en Nueva York, y en Europa creo también.  Nada, no necesitás nada más que arrancar.

La enseñanza para tu ser es esa que decía más arriba: estarse cien por ciento presente. Concentración, atención plena, percepción, conciencia, intención. Los profes te insisten: no importa si no me alcanzo a tomarme los pies, yo imagino que sí. Eso es visualizar. Y es genial. Porque entonces ponés a todo tu ser: mente, cuerpo y espíritu, a trabajar con el mismo propósito.

Yo tomé clases en Ananda, Indra Devi, deRose, Rosy Ramírez (una profe en el centro) y de nuevo en Ananda. Hice Hatha, Swasthya y ahora conocí el Kundalini. (Nunca probé el Ashtanga porque -supongo- la repetición y la intensidad me intimidan).

A mí me falta muuucho yoga, Paso demasiado tiempo doblada sobre la compu y eso me cierra el pecho, me sube los hombros, me tensa las cervicales, y bla. Pero puedo decir que la que sea y donde sea, te va a hacer bien.

Ahora que le queda menos de una hora al Día Internacional del Yoga, y tras este encendida entrada de propaganda para esta práctica, espero haber sido lo suficientemente persuasiva para que al menos una persona que la haya leído considere la posibilidad de tomar una clase.

Cueéntenme sus experiencias (o inexperiencias) con el yoga,
Las quiero, pronto vuelvo a contarles más y más cosas.

c.

miércoles, junio 1

sincronías.

Hay sincronías que te hacen pensar que el universo en verdad te está diciendo algo.

El año pasado, después de decidir -desvelada, de madrugada- que iba a volver a Sosloqueamás - como ustedes saben, cerrado por más de un año por ese hecho que me había sumido en la incomprensión- me levanté, desayuné, entré al Facebook y me encontré con que mi relato de ese hecho había ganado el primer premio de Crónica Breve de Anfibia.

Todo el círculo cerraba. Bueno, parecía cerrar: ayer me encontré llorando por primera vez desde aquel día. Mucho lloré. (Si alguien no sabe de qué hablo puede entrar acá).

Hoy, después de leer un mail de mi abogado, avisando que acababa de salir la sentencia de divorcio -adjunta en ese correo-, también entré al Facebook y me encontré con las primeras imágenes del libro donde va a aparecer mi cuento "Un labial rojo": una autoficción breve sobre la historia de esa pareja que hoy la ley dio por disuelta.

No parece estar demasiado oculto el mensaje en todo esto...ustedes qué dicen?

lunes, mayo 30

esa otra zona.

Hace dos años el 30 de mayo cayó viernes. Estaba nublado, así como hoy, húmedo y algo fresco -lo suficiente para que no pudiera lucir mi musculosa nueva a pintitas de colores, y tuviera que salir en la tarde de lluvia a elegir un sweater.  Porque claro que no, no iba a ir a esa cita con algo viejo.

A las siete de la tarde, igual que hoy, ya era de noche. Podía verlo desde el balcón de Anita, donde dormía dos veces por semana desde la separación. Tomamos té, repasamos el look, me elogió el sweater nuevo. Estaba bastante nerviosa.

Llevábamos una semana intercambiando música por mensajes de Facebook. La primera que le mandé fue Stay alive, de José González. La primera que él me mando fue The rip tide, de Beirut, una banda para mí nueva. Después de algunos días me preguntó "Y qué vamos a hacer cuando nos veamos? Cantarnos las canciones?". "Sí", le dije, "o escuchar música juntos".  Momentos después de ese par de mensajes nos cruzamos en la oficina y nos hicimos bastante los distraídos. Él atinó a salir casi corriendo.

No podía ser de otra manera con este sujeto: me citó en Esquina Libertad. Yo no leí la señal pero me alegré mucho, porque quería conocer ese bar. Tomé un taxi desde lo de Ana, subí las escaleras y lo vi.

Todavía hoy me cuesta creer que ese hombre, esa alma libre, se sentó a esperar a alguien. Conociéndolo un poco más vuelvo la vista atrás y no me lo explico. Porque él es del tipo que se engancha con una amiga; que conoce a alguien de no sé dónde y de repente "pintó" y cosas por el estilo...  Y sin embargo ahí estaba, con su camisa escocesa roja, esperando a su compañera de trabajo -madre y recién separada-, a la que apenas conocía (porque no compartíamos edificio),  preguntándole si la mesa al aire libre le parecía bien, pidiendo picada armenia, escuchando, riendo, extendiendo sus manos, dejándoselas elogiar, exclamando "¡¿Te casaste??!!!" cuando algo del relato se salió demasiado de sus libretos conocidos.

Yo, dentro de mis jeans azul talle 34 (esos que voy a vender o regalar por si a alguna otra escuálida post crisis matrimonial le anda), me sentía cómoda. Tanto que no recuerdo con exactitud qué nos decíamos, sino más bien la sensación de estar en casa. Como casi siempre con él. Sí recuerdo que me mareó con sus veinte mudanzas y cambios de ciudades. Creo que aún hoy no tengo del todo claro el orden.

El hit de la noche fue mi manera de darle al Campari hasta el final, cuando la pajita hizo ggrrhjjhhrruu. Algo en ese gesto mío lo enterneció, como si  le hubiera explicado alguna cosa sobre mí que todas mis palabras anteriores no habían llegado a decir.

Ya en su auto nos dimos el primer beso. Sonaba Playas oscuras, de Los visitantes. Sus labios y su forma de besar eran las más suaves que había conocido. Igual me llevó como ..... tres minutos adaptarme, hasta sentir que así eran los besos y así debían ser siempre.

En el camino a su casa, con el calorcito de la calefacción, la música y la llovizna contra el parabrisas tuve una sensación muy parecida a la de la noche en que charlamos por primera vez: de haber llegado a un lugar cálido donde me sentía muy a gusto.

En su casita de cuatro ambientes, conocí a sus perros Morena y Firulais, jugué con su sonajero de llaves, fui introducida a Vilma -el maniquí sonriente y enarbolado de luces- ; miré sus fotos, sus robots caseros, sus tambores, y los muebles hechos de pallets, confirmando la sospecha de que estaba frente a un serio caso de gitanada.

Fue una noche hermosa,

Hace dos años el 31 de mayo cayó sábado. Esa mañana él se levantó primero- como sería entre nosotros en adelante- puso la pava al fuego y le dio play a este tema. Me desperté con ese arpegio de guitarra.



Sí: estaríamos cumpliendo dos años. Y, claro, me duele que no estemos juntos. Pero no estoy sufriendo. Cualquiera podría decir; pero qué boluda la mina, rememorando los tiempos dorados. =) ..tan apegada al recuerdo cuando él ni registró la fecha (ahí soy yo la que habla). Y sí, me da un poco de vergüenza hacer esto. Sabemos que no se estila. Mi ejercicio para juzgar mis actos es siempre el mismo. Preguntarme "¿Lo haría la protagonista de una peli?" La respuesta en este caso -como casi siempre- es un rotundo NO.

Por algo no soy la heroína de ningún largometraje.

¿Por qué escribo? Porque todo esto que relaté es mío. Nadie me lo puede sacar. Ni siquiera él. Y va a ser mío siempre. Y qué suerte tener a la escritura de mi lado.

viernes, mayo 20

las zonas adormecidas.



Desde el final de la clase de yoga Kundalini se abrió la canilla de mis lágrimas y no para. Empezó mientras hacía respiración ujjayi, y la profesora sugirió que pensáramos en el sonido de una caracola, o del mar. Y a mí me llevó sin preaviso a ese mar del que habla el cuento dos posts más atrás, el mar de esa foto, a caminatas de a dos junto a ese mar. Y las lágrimas empezaron a salir por el lagrimal, sin control, gruesas, pesadas, mojándome la cara, el cuello y el pecho. Caminé a casa llorando. Después lloré con la nena que tocó e bajo con Paul en La Plata, y después bailando Back to Black de Amy Winehouse.

Hoy decía la profe que el kundalini despierta zonas dormidas. Ahora entendí que no se refería solamente al cuerpo, porque tuve imágenes inesperadas de mi propia vida, y  de ese amor que tuvo su punto y aparte hace algunas semanas, sin que yo tuviera desde esa noche tiempo y espacio para conectarme con lo que produce en mí ese corte.

De él hay poco y nada por acá. Avanzamos sin dejar demasiado rastro. Fueron casi dos años. Estoy refiriéndome a un ser hermoso. Crecí mucho a su lado, me reí aun más, es sabio sin erudición, respetuoso de los procesos y tiempos del otro; es justo con sus palabras, es compañero sin abrumar, es talentoso, trabajador, inteligente, sensible; bueno. Medio gruñón y ermitaño por momentos; mezcla de melanco y optimista; carente de todo filtro para el humor; gitano full time. Me gustó como nadie antes.

En esa historia que ni yo me creo que duró tanto, tuve que desaprender cosas que había incorporado sobre control, celos, posesividad; tuve que aprender a creer en mí; depender menos de la devolución del otro para sentir amor propio; aprendí a disfrutar con menos; a ser más económica con las palabras; (¡y menos lacerante!); más libre; un poco menos intensa también. Me reencontré con esa Cecilia que adoraba sus momentos de soledad; Por acción u omisión me empujó suave, o fuertemente a salir del lugar de la débil y desdichada. De la víctima. Entendí que la luz, la alegría y el amor no estaban afuera sino en mí.

Es él el del cuento, el que rozó la orilla de ese mar inmenso, atractivo y magnético como el amor. Fue él quien después de ese intercambio tenso, y de cantar sobre saltos al vacío de mi mano, ironizó entonando otra de Fito: "El amor después del amor". Porque así era. Así fue. Apenas dos meses después de separarme, repentinamente, me volví a enamorar.

¿Quién corno sabe cuál es la naturaleza del amor? Cuándo y por qué empieza? Qué tamaño tiene? Es blanca, amarilla o roja? Es breve, extensa o eterna? Es fija o va mutando? Se proyecta hacia adelante o es un puro presente? Yo no lo sé. Pero una vez me animé a decir por acá lo que sí sé del amor, y tiene que ver con construir, con ser dos, con cierta alternancia entre intensidad y distensión, con la alegría, el compañerismo, el respeto, la admiración, el diálogo, la comunión.

Para mí es eso.

Las zonas adormecidas, además de algunos músculos de las piernas, hoy fueron esos recuerdos donde todo lo que sé del amor se verificó. Todos momentos que por alguna razón quise olvidar durante este tiempo.

Me refiero a compartir el dolor y la tristeza de algo que nos tocó atravesar juntos; a una tarde recolectando caracolitos en una playa alejada; una caminata al lado del mar con los perros;  una juntada de hongos en el bosque; cocinar juntos; celebrar  logros; ayudarnos mutuamente con nuestras actividades; ver pelis; conocer al fin el planetario con Tomás a upa!; hacer mini viajes; pasarle por arriba a la cordillera; intercambiar música; reírnos con los abuelos; las fotos que nos sacó; pedalear juntos a distintos lados; abrazarnos en los recitales; trabajar al ladito; conectarnos al mil por ciento en la intimidad; dormirnos enredados; reírnos mucho muchísimo.

Por qué no podemos estar juntos hoy? Mientras más pasa el tiempo más se desdibuja la respuesta..... Porque va sedimentando lo bueno. Y lo malo, que es poco, se evapora. Así es un poco mi naturaleza.  No hubo nada de peleas, agresiones o bajezas. Pero sí recuerdo mi desilusión el día de mi cumpleaños (que no fue un feliz cumpleaños) cuando le dije: "Libertad y falta de compromiso son cosas distintas".

Y, más acá, esos tres días que pasé llorando, en los que la imposibilidad de disfrutar a fondo, de entregarse, de proyectar, de ser compañeros de verdad se hacía cada vez más evidente. La superficialidad se había apoderado del vínculo y ni siquiera habíamos ido para atrás. Estábamos absolutamente estancados.

Fue en ese puto, puto momento que me encontré diciendo; no es lo que te gustaría que fuera, no es lo que fue, no es lo que seguramente podría ser: es lo que es. Una noche necesité ver Jerry Maguire. A la siguiente lo solté. Lo liberé y me liberé de la tensión y la espera. Me sorprendí oyéndome decir "Te amo, pero me amo a mí misma y tengo mucho que cuidar".

Desde mi punto de vista esa imposibilidad de encontrarse nace del miedo.  El miedo que además de la contracara de un deseo -como dije alguna vez apenas empecé a enamorarme de él-  es también - y sobre todo- esa parte en vos que se siente amenazada, que no se quiere rendir; que quiere ser verdad a cualquier costo, aun cuando no responda a tu esencia. Algo que fabricaste y usaste  repetidamente para protegerte. Un impermeable ante eventuales chaparrones y tormentas. Y tanto usaste ese impermeable que te convenciste de que en tu mundo siempre llovía y por ende siempre corrías riesgo de resfriarte.  Se volvió parte de tu identidad.

No se puede mojar al hombre de impermeable, si no se lo saca primero. Ese hombre no se quiere mojar. O no puede!  Existe ahí también una zona adormecida que sólo él puede despertar.

Por ahí anda la respuesta a por qué, a casi dos años, por más que todo mi corazón se deshaga, no podemos echarnos a nadar juntos en ese mar.


lunes, mayo 9

amásloquesos.

Acabo de escribir un post de cuatro largos párrafos que no voy a publicar, porque en realidad era un repaso, una recapitulación de todo lo que anduvo aconteciendo en el último tiempo, algo que no creo que les interese mucho. Y que además me obliga a hablar de cosas para las que todavía no tengo palabras.

¡Pero al menos desoxidé los dedos, que ya se estaban olvidando de cómo escribir por acá!

Este tiempo, más que ese recuento de hechos, es un viaje hacia mí. El primer tramito de ese viaje. ¿Que suena egoísta? Ya lo sé. Pero descubro que no. Y cada vez entiendo más eso de conócete a tí mismo y conocerás el mundo.

Este auto conocimiento que ojalá todos emprendiéramos temprana y desprejuiciadamente, te lleva a ver la luz que hay en vos, pero también tus aspectos más sombríos. Miren que hace mil años que hago terapia, pero esto es distinto. Es un conocerte no desde lo circunstancial -lo que te pasó, lo que te preocupa, lo que pensás, lo que sentís- sino desde lo que sos.

Ahá, y qué sos. Algunos le llaman esencia, otros conciencia, otros percepción pura, otros amor, otros Ser. Es ese que está brillando en el fondo. Tanto que si un día nublado de lluvia -de esos que hubo a rolete durante tres semanas- cerrás los ojos y te concentrás, ves el sol. Es tu propia luz ahí brillando.
Me leo y sueno 1. esotérica 2. egocéntrica .Tipo. "Un viaje hacia vos..., Seeeh". Y posta,  no tiene nada de supersticioso, ni de santería... y al hacerlo le estás haciendo un enorme favor al mundo, porque hay alguien más que está despertando su conciencia, y ya no actúa irreflexiva y reactivamente, sino reflexiva e intencionalmente.

Yo estoy lejísimosssss de ser una iluminada. Pero lejos mal, eh. Tengo accesos de baja auto estima. De detestarme a mí misma. También tengo momentos de ira. Me encuentro a veces siendo celosa u orgullosa. Así que quizá nunca sea una iluminada. Y la verdad, si el precio es tener que andar envuelta en túnicas aislada en un monasterio tampoco me interesa mucho. Pero sí quiero saber dónde estoy parada; cuánto de lo que creí ser eran eso: creencias; cuál es mi verdad; mi propósito; encontrar ese lugar dentro mío donde todo es paz y alegría.

Y mi nuevo y gran, GRAN desafío: amar lo que soy.

No es un cambio radical de enfoque del Soy lo que amo. Es su complementario. Sólo que durante toda mi vida lo vine omitiendo.

sábado, abril 30

mojarse los pies o quedarse en la orilla.


Hoy me reencontré con este pequeño relato, y quería compartírselos. Lo escribí hace casi dos años. Como les dije en el FB, prontito voy a volver a escribir por acá. La intensidad de la vida no me está permitiendo apresarla en palabras. Espero que les guste el texto.


Como el mar

Fueron al bosque. Dejaron atrás el auto. Le hizo perseguirlo cuesta arriba por un médano. Dijo que del otro lado había una cosita.

Era el mar.

- Eso tiene el mar
- Qué.
- Que no podés evitar ir hacia él. Es como hipnótico. O magnético, no sé.
- Hasta que llegás a la orilla y decidís si mojarte los pies o quedarte ahí..

Caminaron entre las rocas, Vieron mejillones y anémonas. Inventaron que esas algas verdes pegadas a las piedras eran el pelaje de algún monstruo marino que podía cobrar vida en cualquier momento.

Él quería seguir avanzando. Ella quiso volver. 

De regreso al bosque cantaban

El agua apaga al fuego y al ardor los años

Él observó en voz alta cuánta verdad tenían esas letras.

Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño

A ella algo le pinchó adentro. No se pusieron de acuerdo. Siguieron caminando.

De pronto lo vio pararse y sintió cómo su mano grande agarraba con fuerza la suya:

¡Cada salto en el vacío es una cuestión de fe! - lo oyó entonar a Fito mientras ya corrían cuesta abajo por el mismo médano empinado. 

Ella no paraba de reír.




miércoles, marzo 16

todos mis rituales.

Éste es un post inusual.

Desde mis 15 ó 16 años más o menos tengo rituales de cuidados y nutrición. Soy una ávida lectora de tips para el bienestar físico: cosa que me cierra, cosa que anoto mentalmente e incorporo. No sé cuánto resultado me dan, pero:

a) Son hábitos ya muy adquiridos
b) Gozan del beneficio de la duda. Siempre queda la pregunta de qué pasaría si no te tomaras todas estas mini molestias cotidianas.

Acá van.. a ver en qué coincidimos, qué me pueden observar o sumar!

  • Nutrición
A la mañana

En ayunas tomo medio limón exprimido con un vaso de agua tibia, se supone que limpia el organismo y la verdad es que desde que lo hago no me enfermé más!

Tomo spirulina en píldora mañana y noche, tiene aminoácidos, vitaminas, hierro, BLA.

Como una cucharadita de polen o maca o acai (Antioxidantes y energizantes)

Desayuno un pote con banana, arándanos o frutillas, yogur descremado, granola (casi siempre casera), semillas y almendras.

Entre comidas

Hago dos o tres colaciones por día, casi siempre una fruta o frutas secas o barra de granola y semillas (de dietética)

Tomo mate o té verde sin endulzar

Cuando ando con paciencia hirvo hojitas de té banchá.

En un bar al café con leche le meto edulcorante y azúcar, si hay que envenenarse que sea parejito!

Fuera de verano antes de irme a dormi tomo té de manzanilla. Recomiendan para el sistema digestivo y nervioso, y para la piel.

De tarde

Puedo permitirme tres galletitas de algarroba o Frutigran con semillas. Si estoy RE tentada pan integral con Mendicrim y dulce de arándanos.

Comidas

No como con pan ni fritos.(Salvo rabas o una RE empanada frita que alguien me convide)

No como mayonesa ni salsa golf

No mezclo proteínas con hidratos

Uso muy poquita sal. (Hay que usar marina, o del Himalaya, pero me colgué).

Le meto tomate, palta y semillas a todo (Hay que activarlas, pero qué fiaca)

Si al mediodía comí hidratos a la noche como proteínas y viceversa,

No tomo agua durante las comidas, sí antes y después (Se lo leí a Araceli, jaja!)

Tomo el agua a temperatura ambiente. (Debería tomar MUCHA más agua)

Como muyyyy poca carne roja, muy poco pollo, cada vez más pescado.

Como medallones de lentejas o de porotos enteros de soja y amaranto, quinoa, etc.

Intento comer arroz yamaní aunque lleve más tiempo

Evito la manteca y la crema

Evito a full los fiambres.

Lácteos  descremados (excepto el Mendicrim rojoy un flor de helado!)

Uso aceite de oliva y ahora también de coco.

Casi no como pastas (Casi no como harinas blancas!)

Si tengo que tomar alcohol intento que sea vino tino, (aunque cada vez me gusta más la cerveza. Probaron la Amstel?)

  • Piel, pelo y etcs.

En la ducha uso sólo jabón de glicerina Véritas

Uso una manopla exfoliante.

Me lavo el pelo día por medio.

Al final del baño abro el grifo de agua fría

Después de bañarme siempre me pongo crema humectante, (hace 20 años!)

Me hago una limpieza casera por semana, con crema humectante, azúcar y limón. Probé con café y algunos comprados, pero ese es el método que más me resulta. (Ya sería momento de que vaya a una cosmetóloga y me haga peelings y esas cosas.. .. ejem)

Cuando ando RE inspirada me hago nutriciones faciales, La que mejor me deja es la de palta, con miel y oliva, También la de banana.

Y si ando re RE inspirada me pongo el ungüento en las manos, las meto en guantes de nylon y al ratito son una seda.

Me pongo una ampolla en el pelo una vez por semana o cada 15 días, o una cucharada de liva extra virgen,

Hace poco incorporé unos ejercicios faciales, para los ojos sobre todo, (Servirán?!)

Uso sólo dentífrico Squam, a veces le meto bicarbonato para blanquear (Aunque mis dientes nunca serán blancos!)

Me depilo sólo con cera.

Uso crema de día con factor UV/UVA de 20 o más.

Me saco el maquillaje antes de irme a dormir

Uso crema antiage y si no tengo -porque son muy caras!- aceite de coco

Me pongo crema de manos antes de acostarme

  • Ejercicio

Justo ando medio sedentaria estas semanas,,, la bici un poco olvidada... pero desde los 20 hasta ahora siempre hice algo:

Musculación fanática y obsesivamente (rutina de 2 hs 5 veces por semana durante cuatro años),

Yoga (desde 2007, aunque cada vez con menos intensidad)

Natación

Running (el mejor momento fue cuando combinaba estos tres últimos, hasta antes de ser mamá).

Durante este año caminaba media hora tres veces por semana (a la vuelta del jardín, pero ahora que me queda a la vuelta tengo que meter algo aeróbico sí o sí!!!).

Sí bailo una vez por semana y pienso anotarme pronto en clases de yoga. Mi postura está desastrosa.

  • Otros

Tengo turno para ortodoncia (y eso que usé 10 putos y eternos años!!!) y para traumatólogo para que me dé plantillas, porque piso malísimamente mal.

...

Che. no es un montón?? Parece que además de esta cebezota, este corazón y esta alma mía, cuido lo más que puedo a mi cuerpo, tan gauchito él, 35 años conmigo.  :-)

¡Cuenten ustedes, muchachada!

martes, marzo 8

integre sin revolver.

Hoy me pasa algo raro, tengo ganas de escribir, de expresarme, pero no tengo muy claro lo que quiero decir. Es más, no sé si tengo algo para decir.. Pero déjenme intentarlo.
Sólo sé que enfrente alguien mira un programa que imagino es Showmatch, y que otros ya apagaron la luz y se fueron a dormir. Y a mí de eso no me interesa nada. Es más, hasta apagué la radio. Debería estar leyendo "La muerte del padre", tal vez. Me tomé una copa de vino y me comí dos zanahorias. Tal mi cena después de pasar cinco horas cubriendo un evento singularísimo de un sindicato en el que estaban el sindicalista en cuestión, Jorge Formento, los coachs de Tinelli y hasta Malena Ginzburg. (Qué cosas raras hacemos los humanos).
Cuando llegué debo haberme pasado quince minutos observando y corrigiendo mi postura frente al espejo. Está decidido que vuelvo a hacer yoga.
Y así como quiero enderezarme y abrir .. abrirme, también quiero integrarme. Viste cuando la receta dice "Añada la harina en forma de lluvia, integrándola sin revolver". Así, más o menos así.
Llegó el momento de unir a la madre, con la mujer, con la ex, con la hija, la hermana, la amiga, la novia, la trabajadora, la empleadora, la licenciada, la periodista, la escritora, la rubia narigona.. aquella niña, con la adolescente y esta adulta.  La coqueta con la pensante. La racional con la volada. La soñadora con la miedosa. La optimista con la nostálgica. La viajera con la hogareña.
Integrar lo pasado con lo presente; lo luminoso con lo sombrío; lo inamovible con lo electivo.... aceptarme una.
Tengo la enorme y profunda necesidad de vivir en paz conmigo misma. Hace poco lo experimenté. Fue en enero.Me animé a ponerme en modo slow motion, trabajar a otro ritmo, tomar sol, leer, meditar, escribir, contestar mails como si no hubiera apuros, respirar, caminar, sentir. En ese lapso mi conciencia se abrió, Tanto que hasta veía cosas que hasta entonces se me escapaban. Y no hablo sólo en el sentido simbólico, sino también en lo concreto. En mi propia cuadra veía como por primera vez casas y árboles que habían estado ahí por años
Al estar así estás tan en eje que no necesitás putear a Macri en facebook, ni siquiera encender la radio. Te alcanza con tus listas de Spotify, o el mismo silencio. La vida interior es rica, colorida y demasiado basta para buscar más cosas afuera. Y estás tan cómoda dentro de tu piel que ni se te ocurren consideraciones del tipo "estoy gorda, estoy flaca". Solito tu cuerpo te indica qué quiere comer, cuándo tiene sed. No pide de más, no se conforma con menos. En cuanto al afuera, cada cosa encuentra su lugar y su momento y no existen las preocupaciones: te estás ocupando de lo que te estás ocupando, y después te vas a ocupar de lo que te tengas que ocupar. EL tiempo se vive de una manera no tan agobiantemente lineal. El tiempo es TU tiempo y no el que marca el afuera.
Todo muy genial vieron? Todo súper alineado. Si alguien experimentó algo de esta calma sabrá entender de qué le hablo.
Bien, pero todo eso me lo permití porque el afuera me daba permiso (enero y su descenso de demanda); porque la ciudad misma estaba a otro ritmo y porque sabía que se avecinaban tiempos difíciles, (este divorcio y esta mudanza), entonces de algún modo me lo merecía por anticipado.
Pero ahora quiero lograr ese estado de puro ser no como recreo, no como excepción, sino como algo más permanente. Hacia esa paz quiero ir, aunque trastabille mil veces. Donde en vez de revuelta como hoy me encuentre integrada.
Qué post merengue salió.
Se entendió algo?
Las quiero, je. Gracias por leer.


lunes, febrero 29

barrio.

Hace un ratito salí a comprar un vino, lo llevé a Rolfi conmigo, soplaba por las veredas de Ortúzar esa ventizca de cuando está por llover. La rotisería de Zori ya estaba abierta iluminando la esquina de Holmberg y Fraga. Sobre Triunvirato dos chicos de gorrita y ropa deportiva esperaban el bondi; en otra parada un 71 depositaba a una pareja con un bebé en cochecito; en la puerta del chino un grupito tomaba cerveza; el chino terminaba su pucho y el verdulero se ofrecía a cuidarme al perro. Agarré la botella, pagué y salí casi tan rápido como había entrado. A la vuelta, aunque implicara unos metros más de caminata, decidí evitar la avenida. Doblando por Chorroarín estaba el almacenero -si cabe llamarlo así- que combina en su cabeza una pelada y una colita de canas largas. Es el dueño de "Creaciones Barbosh", el negocio más enigmático del barrio, donde nada que alguna vez se haya roto fue reparado, donde unos pañales de adultos se destiñen tras la vidriera sucia y rajada, donde siempre hay tres tomando mate o birra (según la hora) y un perro persigue al mío mientras su dueño lo caga a puteadas. Eso, y la luna siempre visible, definen más o menos la noche en Ortúzar.

Y el día, ah, el día.

A las cinco am arrancará su actividad el Centro de Abaratamiento,  donde Chris, Vivi o Marta van a pesar frutas y verduras con su eterna buena onda y esos precios que convocan multitudes. Un poquito más allá abrirá el segundo negocio más misterioso de Ortúzar, uno que tiene dos o tres productos Pampero, dos camisetas, alguna prenda de bebé y un cartelito que dice "Toque timbre". (Nunca supe cómo sobrevive ese local. Pero van casi cuatro años y está vivito y coleando). Más allá, levantará su persiana el chino de la china macanuda que mira novelas chinas en su tablet seguramente china, donde no hay carnicería (tampoco que nos importe demasiado) pero sí yerba Playadito, Dadá a buen precio ¡y pago con débito!.

Pegando la vuelta por Holmberg, en la panadería Nuevo Mundo (supongo que hay una con ese nombre en cada localidad de este país), Silvia, con sus dos brazos gordinflones, va a servir chipás, o esas facturas de ricota que todavía no vi en otro lado. Ahí mismo, cuando vuelva a caer el sol, se reunirán los vecinos a hacer puerta, tomarán mate y darán las buenas tardes al que pase mientras sus hijos van y vuelven con triciclos y bicicletas.

Tomando por Roseti, una vendedora sonriente abrirá la puerta de L´Epi, de Bruno y Olivier, los franceses que se la jugaron a poner una panadería chic en esta barrio de talleres mecánicos y gasistas matriculados y la pegaron. Sonará una canción tenue en ese paraíso de harinas y manteca que no conviene frecuentar mucho más de una vez por semana. (Mascotas son bienvenidas, pero si molestan mucho, Bruno te las cuida afuera).

Yendo derecho desde esa esquina en dirección a Álvarez Thomas en el entrañable Oriente se estarán sirviendo cafés con leches y medialunas. Oriente es entrañable en el sentido más estricto del término. Querible de sólo verlo, con sus aberturas verde agua, sus azucareras de vidrio, sus servilleteros de pizzería, sus dueños - Gerardo y su hermano cuyo nombre se me escapa hasta que cruzo la puerta (¿Fernando?)-, y su habitué con voz de Coco Basile que entre pucho y pucho da cátedra sobre cómo vivir la vida. Un bar que fue sede de mis sesiones puérperas de terapia; que me recibió a tomar Sprites con hielo y limón cuando necesitaba pensar sola; que nos ofreció cervezas heladas con picadas de yapa los primeros meses con Martín.

Hacia las 9, 30 llegará Fernández, el bicicletero bonachón y abrirán sus puertas el vivero Jardín Interior y la farmacia del señor de labio leporino, que es un amor. Más hacia mediodía una señora se sentará junto a la puerta de Don Chicho, a amasar fusilli al fierrito, recreando la mística que sostiene al lugar ahora que de calidad le quedó poco y unos cuantos autos se pondrán en doble fila para comprar fugazzettas con un kilo de queso en La Mezzeta.

Y en el corazón de todo mañana, pasado y siempre está la placita:  la 25 de Agosto, que me enamoró ya antes de mudarme al barrio. Una plaza con árboles altísimos y sin rejas, rodeada por casas de aires marplatenses.  Con áreas de pasto tan generosas como para jugar al fútbol o tirarse a tomar mate. La plaza donde primero paseó mi perro y después se le unió mi hijo.  Democrática como pocas, mezcla a los chicos de los asentamientos vecinos con los hijos de Wainraich, La mejor plaza del mundo, sin duda.

Quizá lo que más vaya a extrañar de este barrio ahora que me voy.

Tenía que vivir acá, así estaba dicho. Cuando un día le mostré a mi papá la casa que acabábamos de señar, él, que apenas tiene memoria, me señaló la Iglesia San Roque y me dijo "Ahí se casaron los abuelos, y ahí me bautizaron a mí". Tiempo después me enteré de que además a ese colegio parroquial iba Cerati. Fue en casa de Wilma, casi llegando a Charlone,  donde nació Rolfi, hijo de su perra Maga y de Bartolo, el bretón de la cuadra. Fue ahí mismo donde una mañana el Evatest me anunció que Tomás estaba en camino. Fueron las siete cuadras que me separaban del trabajo las que me permitieron durante cinco o seis meses darle la teta en horario de almuerzo, Fue bajo el árbol frente a casa donde quedó Kathy para siempre.

En Villa Ortúzar me habitué a que no  me camine nadie por arriba o por debajo, y a abrir la puerta y salir a la calle,como fue siempre para mí, allá en Mar del Plata.  Muchas veces con Tomás nos sentábamos en la vereda a tomar mate y ver la gente pasar, en las mañanas más silenciosas de la Capital Federal. Y si no, nos íbamos a la terraza, donde se alcanza a oír el piano y la voz de mi vecina Valen, o los pelotazos contra la pared del hijo de Pato, que en estos cuatro años se volvió un grandulón.

Pero tenía que irme. y eso también estaba dicho. Esta casa perteneció a un proyecto que ya no es el mío, esta casa fue el sueño de Pablo, esta casa me queda grande, y varias otras razones (incluidos seguramente los suspiros que durante mucho tiempo le eché a Colegiales, mi barrio destino)

Gracias por estos años de hermosura, Ortúzar querido. Ahora que la lluvia ya repiquetea sobre mi techo de vidrio puedo decirte que me voy sin saber dónde vivía Cerati ni cómo se llama el loco Barbosh, pero segura de que te voy a llevar en mi corazón, donde se tienen todos los lugares donde crecimos.

jueves, febrero 25

mañana, un papel.

Mañana firmamos el divorcio. Es una palabra fuerte, que durante muchos años siguió sonando a tabú. Todavía detecto algo de eso en la expresión de quien la oye de mis labios. (Un gesto seco como de quien está frente a lo réprobo)  Y sin embargo yo la hice tan propia, la acepté dentro y hasta deseé verla materializada a través de un trámite. Cuando tenga que completar en un formulario mi nuevo estado civil el "divorciada" no será nada glamoroso, porque aún resuena el estigma allá en el fondo, ¿No?

Pero quienes me conocen están contentos de que pueda dar este paso. Saben el camino que hizo falta recorrer para llegar hasta acá. Saben - o yo creo que saben, o yo sé- que lo más doloroso fue descubrir un día que se había terminado el amor..... O peor, que sólo con amor no alcanzaba. La gran grieta ocurrió ahí. Ahí se divorciaron mis deseos de mis sentimientos. Mis proyectos de mi realidad. Mi corazón del suyo. El "juntos" del "a la par" que sonó en la voz de Pappo cuando nos casamos.

Hoy nos encontramos acá, a punto de dar este paso. Mi cabeza, siempre tan tajante ella, me dice que dale, que nos separamos hace casi dos años, que qué tanta farfalia ni revoltijo en la panza. Pero cuando hago silencio, y me oigo, cuando hago una pausa y miro dentro, lo que encuentro es un compilado de recuerdos y la frase "Me divorcio de Pablo". Y lo que salen de mis ojos son lágrimas.

Este momento es significativo por su carga simbólica, y porque marca el tiempo que nos tomó soltarnos de verdad. No definitivamente, porque gracias a Dios trajimos juntos al mundo al más luminoso ser que yo haya conocido, pero sí podemos decirnos adiós deseándonos lo mejor, haciendo un acuerdo que contemple el bienestar de los dos (y sobre todo el de nuestro hijo), sin habernos puesto demasiado belicosos (aunque, insisto, haya costado). Nos podemos decir "adiós, fue lindo compartir ese pedazo de vida con vos", con amor.

Lloro tanto que casi no logro escribir.

Quiero decir que al amor le suele tocar una acepción muy restringida. Lo que hay entre Pablo y yo siempre será amor. Estará teñido de mil colores, a veces se esfumará hasta quedar gotitas, a veces aparecerá en forma de carcajada cuando compartimos la última ocurrencia de Tomás  (O como hoy, cuando le mandé fotos de su hijo vestido de murguero, y festejamos juntos porque la murga era algo que nos unía). Ahí va a estar siempre, porque juntos crecimos y juntos nos atrevimos a lo más grande de todo.

Tiempo antes de separarnos le escribí una carta que nunca le dí, en la que terminaba diciéndole "Perdoname amor de mi vida, perdoname por soltarte". Hoy somos dos ya no pidiendo perdón, sino perdonándonos porque, por mucho que intentamos, no resultó como hubiéramos querido.

Todo mi ser necesita dar vuelta esta página. Como siempre digo: ¿es lo que quería? No, pero dentro del escenario como está planteado, es lo más saludable y necesario para todos.

Así que todo esto es para mí ese papel, este divorcio. (Que culmina dejando la casa que compartimos).

Y quiero cerrar esta entrada con una canción que a él lo emocionaba (Y en cuya belleza supe reparar gracias a él), entre tantas que le gustaban, Ojalá ustedes puedan escucharla a todo volumen y con oídos nuevos. La hermosura de estas dos voces que ya no están me hace pensar con alegría y esperanza que de todo lo que una vez existió queda un legado de belleza:


Pd: Prontito contesto comentarios, las quiero muchachada.

jueves, febrero 11

no vienen solos.

- Cómo maduraste este tiempo.- Del otro lado de la pequeña mesa sobre Avenida de los Incas, lo escuchaba - De esa chica, sentada en su box en la oficina con todos los demás, a ésta, con su hijo, su divorcio, su pelito corto..

- Toda una señora.

- No: una mujer.

El diálogo ocurrió anoche. Pero algo dentro de mí sucedió antes.  De algún modo no previsto me amigué con la edad que marca mi calendario, es decir, treinta y cinco años, cumplidos la semana pasada.

Durante meses estuve enfocada en lo que me quitaron. Ustedes ya saben: frescura, dinamismo, espontaneidad, un cuerpo y una piel más elásticos, posibilidades, incertidumbres, adrenalina, irresponsabilidad, algunas ilusiones, ciertos descubrires.

Y ahora veo todo lo que trajeron consigo. Viste esas cosas que de habituales  das por sentadas hasta que te preguntás qué harían sin ellas, como los fósforos para prender la hornalla o la sal gruesa para los fideos?

Ni falta hace que nombre a Tomás, o sí? Bueno, listo, ya lo hice; pero junto con él la experiencia de maternar, de cuidar más de alguien que de vos misma, de cuidarte a vos misma por alguien más. El dar incondicional, ese amor expansivo que bien podría no tener límites. Adquirir cierta practicidad y pragmatismo; , aceptar y hasta querer el segundo plano; sacar una sonrisa de donde no parecía quedar una.

Y fuera de la maternidad ese autoconocerme. Porque cuando pasás los 30, y si estás más o menos conectada con vos misma, ya sabés qué te gusta y qué no; qué cosas adorás y cuáles te sulfuran. (Algunos llaman a eso seguridad, A mí me parece una palabra algo malgastada, pero está bien)

Ahora sé cómo tapar ojeras, alargar pestañas y colorear mis facciones en minuto y medio. Descubrí que el famoso equipete de camisa blanca, stilettos negros y jean no van conmigo, pero comprobé  eso de que la sonrisa es el mejor accesorio de todos. SIEMPRE. Sé a qué cosas me quiero exponer y a cuáles no. Sé con cuántos vasos de cerveza me mareo  Cuánto necesito dormir, que me divierto sin drogarme y que está OK así. Qué es lo que más me gusta en la intimidad. Y que rara vez me pega bien la siesta.

Cuento con mis límites y limitaciones tanto como con mis talentos.

Tras miles y miles de horas de práctica adquirí un oficio: el de escribir.

No me avergúenzo más de mis gustos menos ortodoxos, es más: ¡los embandero!

No me avergüenzo de lo que no vi, no escuché o no leí, porque sé que hay tiempo.

No me avergüenzo si algo socialmente celebrado no va conmigo.

De a poco aprendí a decir NO.

De a poco aprendí a recibir

Y a mantener a raya a las personas con mala energía.

A los ponchazos me amigué con mi soledad.

Me largué a bailar

Me copó escuchar

Me animé a soltar.

Tengo una colección de recuerdos que acuden a mí inesperadamente, y a los que a veces recurro concientemente,

Me permito los momentos pila-pila y los de nostalgia, sin dejar que la euforia o la añoranza me tomen por completo.

Comprendí -aunque a veces se me olvide- que lo oscuro y lo claro coexisten. Que no hay claro sin oscuro ni viceversa, ("No pienses que ya no hay más tiniebla, tan sólo debes comprenderla, es como la luz en primavera").

Y decidí que todo lo que deseo para mi vida es verdad, amor, paz y mucha pero mucha alegría.

...entre tantas pero tantas cosas que trajeron estas tres décadas y media.

 autofoto tomada en mi 35° aniversario

¿Qué dicen ustedes?

viernes, enero 29

la tercera dimensión.

Lo que empezó a pasar es que encontré la tercera pata de la vida. Esa que todos intuimos que existe, y que incluso algunos dicen que pesa 21 gramos: el alma. Ahora que a toda mi búsqueda intelectual y emocional sumé esta otra, la espiritual, me siento más completa. Siempre temo sonar esotérica. Rehuyo de la imagen de la mina de cincuentaytantos, con rulos cobrizos y labios rojos que apenas te ve te dice "Hola Acuario" o "Qué mal me pegó la luna llena de hoy". No, no, por favor, si eso ocurre por favor me lo advierten a tiempo (por ahora estoy lacia, así que en esa zafo).

Me refiero a esto que empezó esa mañana de lunes, a los pocos días de ese asalto con arma, cuando sentada en el consultorio de Laura, mi analista, le dije "Necesito algo más, hay lugares a los que no estoy accediendo" Y ella, que sabía de mis ganas de bailar, me sugirió anotarme en Soul Motion.

O quizás empezó unos meses antes, exactamente hace un año, cuando me despidieron de Greenpeace y sin saberlo me dieron la oportunidad -que yo no había sabido generar- de dejar de huir de mí misma.

O tal vez un poco después, cuando me enteré de que mi papá era mortal.

No lo sé.

Lo seguro es que con momentos trabajosos y de profundísimo malestar. (y ya lloro) atravesé este año que me trajo a buen puerto .Estoy parada -y no hundida, que no es poco- en un lugar donde el paisaje se puede ver con bastante claridad y perspectiva. Desde acá es difícil atribuir algo a la mala suerte. Desde acá es difícil ponerse en el lugar de víctima. No se ve ningún culpable. Cada persona que pasó por el camino hizo un papel que tenía que hacer, y no hay nada que yo pueda reprocharle. Los procesos se ven en su lógica. Mi responsabilidad está en cada una de las cosas que atravesé, y el color del que se tiña todo está en mi mirada, y no afuera. Leí por ahí que lo que uno tiene es ni más ni menos que lo que pidió. Suena paradójico y medio generalizador pero pensado a fondo es muy cierto.

Me siento muy afortunada de haber encontrado eso que se llama energía, para empezar a trabajarlo. Y ahora el desafío, como dice mi amigo que dice Sri Prem Baba, es llevar el espíritu a la materia. Porque no todos queremos ni podemos irnos a meditar un monte en el Tíbet. La cosa, sospecho entonces,  es vivir en nuestra verdad en medio de la cotidianidad. Ser verdaderos haciéndonos los distraídos lo menos posible.  Es un poco lo que contaba en el post anterior: encontrar el espacio dentro del espacio, el tiempo dentro del tiempo, el silencio en medio del ruido, la palabra en medio del silencio.

Siempre les digo gracias por leer a la Cecilia más verdadera. Lo que comprendí ahora, y de ahí el título de la entrada, es que la que se deja ver acá es mi esencia.

Ser lo que amás como fórmula para mí vuelve a cobrar sentido, porque es reconocerse amando, que es todo lo que hacemos todo el tiempo ahí en el fondo, aunque a veces lo cubramos con veinte capas.

Sí, así: wide open.



Gracias por los hermosos comentarios que me dejaron en la entrada anterior (les contesté e invité a alguna/s a escribirme por mail) y gracias por el puente que establecen conmigo.

Feliz viernes (el mejor día de la semana!) y mejor finde muchachada.

c.

domingo, enero 17

calma.

Cuando me pongo a escribir esto siento miedo de romper el hechizo. Como si por describirlo este estado se fuera a esfumar Tengo cierta resistencia también a compartir mis procesos porque pienso "A quién le importan, no ves que muy pocas personas te comentan", pero me reprendo diciéndome que si razono así entonces no voy a escribir nunca más .

Pasó algo extraño. Hoy parada sobre la bisagra del fin de semana y el lunes donde todo vuelve a empezar lo puedo ver. Fue una semana a la que di en llamar "de retiro espiritual". Por primera vez Tomás se separó de mí más de cuatro días. Con poca anticipación - menos de la que me hubiera gustado tener- me preparé mentalmente para enfrentarlo. Se lo comenté a medio mundo. A cambio recibía un "Aprovecháaaa" casi sistemático (sobre todo de mis amigas madres, debo confesar, pero ellas ciertamente no saben de qué hablan porque no les tocó) Así y todo. Aprovechéeeee!

Fue de una manera imprevista, dejando acontecer. El primer día (lunes) con mucha oscuridad, llorando, angustiada, escalando el día con esfuerzo. A la noche, buscando información sobre un libro llamado "El camino a la alegría" llegué a la página "Valores sin fronteras" donde la autora te propone un método de cuatro pasos -gigantescos por cierto- para conocerte, autoafirmarte realizarte, vivir en tu verdad. Alejadísimo de todo remilgo autoayudístico. Sincero, bien pensado, hecho con mucho amor. Algo se empezó a mover. Esa noche pude vencer a la ermitaña que venía apoderándose de mí y  salí a comer con Debi Fue un gran encuentro de dos mujeres promediando los treinti, con sed de autoconocimiento, en estadios parecidos del amor, y con muchas ganas de disfrutar. A Debi la conozco desde la facu, nos vimos mutuamente atravesar todos los estados, Es mágico.  Volví muy contenta y se lo hice saber con un mensaje.

El segundo, un poco más liviana, trabajé, seguí con los 4 pasos y al atardecer fui a buscar un libro al que le tenía TODAS las ganas y del que enseguida o en otro post les voy a tener que hablar. Y ya entonces además de a mí misma tenía el libro. Qué paz. Anochecía y podía hacer lo que qusiiera. Comer por ahí o venir a casa. Tomar vino o una Coca light. Seguir con los pasos o con la novela. Mientras avanzaba las páginas más me hablaba. "Cómo me conocés", le dije a Noe, mi amiga que me lo recomendó.

Entre tanto cuidaba de Rolfi y los perros de Martín, que estaba de viaje por trabajo. Morena y Firulais, dos hermosos que aprendí a querer y mucho. Las puteadas del primer día por los soretes adentro se transformaron en acciones preventivas para sus necesidades y paseos de mañana y de tarde, además de despulgamiento, baño, cepillado, etc. Maternar no es algo que se deje tan fácil. Todas las mañanas o noches hablé con Tomás, que me contaba de sus progresos en su relación con el mar.

Haciendo los 4 pasos decidí internamente que tenía que volver a bailar, que -como decía en mi entrada anterior- se había convertido en mi modo de meditar. Un modo lúdico, alegre, amoroso. La certeza y la alegría que sentí al decidirlo es indescriptible, Y la certeza al volver, con una sonrisa dibujada y toda esa energía disponible... pfffffff...

A la tarde vino mi papá con su novia. NO fue nada fácil. Estaban vibrando en otra frecuencia, sobre todo mi viejo, que spadecee sus propios juegos mentales que lo hacen ser colérico, irritable, brusco. Se estaban por ir a Brasil, pero estaban tensos, y aunque le hice la pizza que él quería, y le preparé el desayuno, e intentaba que distendiera, no tuve mucha suerte. Por último lo abracé y le dije "No quiero que sufras". Le di unos besos, bajó la vista y no se resistió, así que creo que algo le llegó.

Y esa misma mañana fui a terapia, y le conté a mi analista de todas estas cosas. Y lo que había sido un mensaje desesperado el lunes "Son días raros y difíciles", había dado paso a esta calma. A encontrarme más que satisfecha con tenerme a mí misma. Y después fui a Emma Hill a actualizar mi ropa interior, qué felicidad! Y estaba que sí que no con un mini viaje en soledad a Carmelo.. no me decidía. Cada vez sentía menos la necesidad de alejarme para estar en paz. Sentía de a momentos que podía lograr lo mismo sin tomarme toda esa molestia y sin gastar plata. Después me volvían las ganas, y así. Cuando entré medio decidida por el sí no había pasajes. Creo que mi parte más neurótica estaba esperando que alguien decidiera por mí y así fue.

Y esa noche, creo que fue, tuve una charla con el amigo que hace lectura de aura, que me estaba planteando de terminarla. Horas enteras que se volaron, contándonos  un poco de todo, hablando el idioma que hablo acá pero verbalmente, cosa que no hago casi nunca con casi nadie DIciéndole: si, todo muy lindo este mundo de verad y libertad, de espíritu, pero después hay que salir al otro (Y en eso estoy, intentando conciliarlos).

Unas horas antes le había dicho a Martín que cuando viera el atardecer desde el barco en que estaba se acordara de mí. Me dijo que lo hizo. El viernes él volvía, aunque no íbamos a poder vernos. Pero me dediqué a leer, y aseguir comiendo sano, y a tomar sol, y a leer los 4 pasos, hacer yoga y así hasta que se hizo la hora de salir con amigas.

Me detuve todos los días delante de la foto de Tomás, sonriendo, suspirando, pero no sufrí, no lloré más. Lo extrañé suavemente. En calma.

Casi todos los días tuve recuerdos felices de mi vida con Pablo, y lloré por ellos. En calma.

El sábado, después de un día así parecido a los anteriores, me contacté con dos amigas que venía sintiendo fuerte adentro, y descubrí que ellas estaban conectadas conmigo también. ¡Fue mágico! Y más tarde compré todo para esperarlo a Martín con una picada.Y cuando llegó dsfrutamos como locos del encuentro, y lo quise como pocas veces, y sin declaraciones creo que lo trasmití. Fui muy feliz hasta que se fue bien temprano a seguir laburando. (Y después también) Dormí toda la mañana, me fui a L´Epi y compré medialunas y enfilé a lo de mi tía, donde me esperaba un pedazo de carne después de una semana de no tocarla (al igual que el control remoto de la tele).

Al volver, sentada en la terraza mientras caía el sol, ( y si llegaste hasta acá) comprendí que este estado de calma interna, esta ausencia de angustia, este abrirme espacio dentro de mí - apropiarme del momento, distinguir realidad de pensamientos, sentimientos de ideas-,  son parte de una búsqueda que vengo haciendo Son un estado al que aspiro. Sólo anhelo que la cotidianeidad y los miedos no los ahoguen.

De verdad quiero ir hacia ahí. Igual que mañana quiero ir al encuentro de Tomi, igual que en tres días  quiero ir a danza, igual que quiero terminar este hermosísimo libro, igual que quiero darle a fondo a esos 4 pasos.

Estuve escuchando mucho este tema, que me recuerda al primer tiempo con Martín, cuando -a la par que me enamoraba - estaba tan agitada y nerviosa. Esta canción es la medida exacta de lo que medió entre una cosa y la otra.



Deja que el tiempo cure, dice. Y empiezo por primera vez, a encontrarle sentido a esa frase.

domingo, enero 3

historial.

Nuestro historial de búsqueda no debería ser revelado a nadie, y sin embargo dice tanto de nosotros. Pensé qué cosas busqué en mis dos días de descanso, en casa, con pocas obligaciones y la única compañía de Rolfi. Y casi todo tenía que ver con cómo morigerar los efectos de la edad. Rutinas de belleza para la piel, los ojos, la postura, etcétera. "Como es que se te ocurre googlear todo?", me preguntó una vez mi analista. Y la verdad es que creo que lo que encuentro son ejemplos. Ideas para imitar, referencias femeninas y consejos, cosas que me escasean.

Pero también busco ratificaciones de que sí, tengo casi 35 y sí, es lógico que mucha gente me llame señora, (incluso en un piropo, pueden creer el descaro?!) Sé que estoy monotemática con este tema, y espero no aburrir, pero saben qué? Le doy vueltas porque necesito aceptarlo, pero sobre todo, necesito encontrar y confiar en mi forma, mi estilo, para transitar la edad y la maternidad.

El otro día un amigo me dijo que yo alineo el ser madre con la seriedad y la responsabilidad, y a esta última con la no libertad.  Como si cuando soy mamá tuviera que recortar un cacho de mí porque ser inquieta, curiosa y querendona como soy no tiene nada que ver con ser madre.

Debe ser eso mismo lo que me produce un signo de interrogación gigantesco, y una especie de perplejidad, cuando voy a las reuniones del jardín de infantes. No soy punk, heavy metal y ni siquiera califico para hippie con osde, y sin embargo siento que no tengo nada que ver ahí. Y no es sólo porque ellas lleguen en autos 0 km y yo en bici o bondi, o porque usen ropa de oficina,  tengan marido, o una prole más extensa.... Es una actitud, un modo de pararse, de hablar, un apropiarse que no reconozco. Me imagino que a más de una le pasará, pero desde mi óptica están todas en su salsa y yo soy la sapa de otro pozo.

Mi amigo, que es el que me hizo la lectura de aura (ya sé que suena a paparruchada pero créanme que no), me dijo que mi exigencia ahoga mi pasión. Es decir que hago todo apasionadamente, pero la creencia de que hay un deber ser, un estándar que alcanzar, un modo correcto de hacerlo todo, silencia lo otro. Me dijo también que Tomás no necesita que cuando caminamos de la mano le explique qué es un pájaro, la luna, el sol.. el mundo entero. No neesita que esté todo el tiempo intentando cautivarlo, hiper conectada con todas las pilas. Que a él le alcanza con que esté junto a él en silencio, que me ubica perfectamente como su mamá y que tiene un mundo interno y un constante descubrir y sobre todo una conexió muy profunda con mi ser, que lo hacen reírse de todos mis esfuerzos por ser una madre seria.

Quizás en definitiva tengo que deje de creer que hay un sólo modo de ser una mamá mamá hecha y derecha, y disfrutar con más seguridad de mi propio estilo (Viendo a Tomás no debe estar tan mal).

Y hablando a un nivel más general -ya no sólo como madre sino como mujer-  darle más crédito a mi intuición, a la que desoigo continua y casi tozudamente, y hacerme dueña de mis años, mi experiencia, mis aciertos, mis desaciertos, todo mi historial de vida del que aprendí lo mucho o poco que sé.

...

¿A alguna de ustedes se le presentan estas inquietudes también?

Feliz nuevo año muchachada, espero que lo hayan empezado con muchos abrazos, muchas sonrisas y unas enormes ganas de comerse el mundo (además de los pandulces)!




lunes, diciembre 21

aura.

Vengo desconectada de mí. Es eso. Eso sentí anoche, cuando me despertó la tormenta en la madrugada y Tomás con una mirada absolutamente clara, sin edad, firme, insistente y sostenida me habló de un señor que me había escupido en la cara, pero que no me iba a llevar. Sentí que no estoy viviendo mi verdad y que no estoy siendo libre. Fue tan claro. Vi que estoy funcionando, sí, pero muy lejos de vivir en plenitud. Estoy alejada de mi esencia, que es sentir con intensidad, dar amor sin medir, soñar de a momentos, fantasear, juguetear con el tiempo y el espacio, conectar a fondo con cada persona en el camino.

La esencia no puede ser mala ni buena. Es. Y cuando la estaba orillando me asusté. Fueron esos meses en que me animé a llevar mi pesar, mi existencia por momentos sobrecargada, al espacio de baile, para encontrarme con mi cuerpo y mi alma. Mi propia intensidad. Ahora mismo, que la siento asomar, algo se activa dentro que me dice “no para qué, no lo hagas, a quién le importa”. Pero decido seguir. Porque en definitiva soy yo, y si estoy acá es para algo más que esconderme de mí misma. La campanita de la racionalidad, de esta adultez que cargué de atributos negativos, suena, resuena, y de a ratos elijo oírla sólo a ella. Los sonidos del afuera; ponga donde los ponga, siempre me van a decir que me aleje de ahí, porque quema. Pero si no soy yo en este mundo, quién voy a ser. Si tengo un caudal amoroso que decido recortar por miedo, a dónde va a ir a parar todo ese amor. A quién voy a privar de recibirlo; cuántos momentos que podrían ser iluminados serán sombríos, o apagados, o tibios. Cuántos de mis aspectos -y por cuánto tiempo- voy  a seguir ocultando hasta de mí.

Mi esencia es dar amor. Hoy lo entiendo. Y ese amor no tiene nada que ver con el poder, ni con el medir. Es un amor que me permito alumbrar cuando estoy con chicos por ejemplo, donde me siento libre de ser, de expresarme, de reír, jugar... donde no me siento juzgada, sino un par.

Cómo se traslada a lo profesional, a un medio de subsistencia, no lo sé. Pero no es el momento de pensarlo. Creo que hay mucho camino que hacer antes de eso. Amarme a mí misma como vengo, como soy, después a mi entorno más querido, después al mundo. El miedo me está cohibiendo este camino. Mi sensibilidad es tan grande como mi autoexigencia. El amor que tengo para dar está pidiendo un campo a donde expandirse, y yo estoy eligiendo mirar hacia el costado, siempre con alguna justificación del orden de lo concreto, para no animarme.

Ahora entiendo. Cuando bailaba estaba yendo hacia ahí. Empezaba a ver a los demás como seres llenos de luz y de amor, coexistiendo, conviviendo con mi propio ser, en una dinámica nueva, alejada de los nombres propios, de lo geográfico, los sí, los no, los pero, los sin embargo.. las racionalizaciones. Era un modo nuevo de ver. Somos todos seres haciendo nuestro recorrido, encontrados casual o causalmente en un tiempo y espacio para mirarnos y compartir algo.

Mi propio hijo lo es. Mi amor Martín lo es. Mi papá, ahora con su enfermedad, lo es. Mi hermano, mi hermana, mi mamá. Mis hermosas amigas. Esos desconocidos con los que empecé a compartir la pista. Mis sobrinos, mis alumnos. Gerónima. Madeleine, mis compañeros en Eter, Rolfi.


Sé que cuando logro sintonizar con quien soy el mundo se alinea en apariencia milagrosamente. Todo fluye, todo es abundancia, el aire huele bien, la luna brilla más (y me acuerdo de mirarla), el sol de la mañana es un regalo; una canción es un trocito de belleza sonando para mí; las plantas son esa magia que florece con colores; cocinar y comer es todo un festín; una charla con una amiga es una bendición; mi cama un lugar donde descansar. Cuando me animo a esa sintonía cada cosa es un plus, y no un ladrillito para levantar más paredes, o rellenar algún hueco. Cuando estoy así me percato hasta de lo más ínfimo; me río. Nada es trabajoso. Y vivir es una fiesta. 


(Esto está escrito después de una lectura de aura. Háganme acordar que les cuente de qué se trata.
Gracias por siempre leer lo que escribo. A la Cecilia más verdadera.)